
La sombra de su hacha

Bruit noir de Fabrice Lengronne es un libro poderoso.
Por un lado, estos poemas registran a vuelo de dron ciertas tragedias actuales como la de Gaza, cruzándolas con imágenes de la memoria como las de Auschwitz (Oschwiecim).
Veamos algunos pasajes de la sección “Sur les rives de Gaza. Cantate aux racines de plomb”. En adelante, en todas las citas textuales se indican las páginas en su lengua original y las de su traducción, según el formato “pp. O-T”.
“El anciano mira la noche y la niebla/ que pueblan su espíritu/ e invaden sus ojos/ Y Oschwiecim le vuelve a la memoria/ bajo sus ojos, en sus lágrimas,/ más allá del muro, en el nuevo ghetto./ Ya no puede morir en paz:/ se le ha robado su memoria/ se lo ha devuelto a su campamento/ los exterminadores han vuelto” (pp. 158-159).
“El niño mira los féretros que surgen de las ruinas/ y los pájaros de muerte que salen de las nubes/ ojo por ojo habrán vuelto al mundo ciego, / sordo, mudo, desmembrado, acéfalo/ y Jeremías el profeta quedará postrado sobre las ruinas” (pp. 160-161).
“El hijo de Gaza, el huérfano del plomo” (pp. 162-163).
Por otro lado, Lengronne pinta de colores fauves ciertas inquietudes morales y políticas jugando con fuertes contrastes.
Por ejemplo, cuando explora poéticamente la desaparición forzada en el Río de la Plata, mediante una guiñada a Mario Benedetti y su obra teatral Pedro y el Capitán (1979), logra instalar sus propias reflexiones mucho más allá de los hechos históricos aludidos. En ambos ejercicios (el de Benedetti y el de Lengronne) se procura eludir maniqueísmos y plantear mutuas interrogaciones entre un torturador y su víctima.
Esto no impide sentenciar, por ejemplo: “Cuando han muerto, todos los humanos son buenos, incluso los militares” (pp. 16-17). Pero a renglón seguido Lengronne sugiere que otras variantes también podrían ser ciertas o disparar otras lecturas: “Cuando son buenos, todos los militares han muerto, incluso los humanos” (pp. 44-45) o “Cuando son militares, todos los humanos son muertos, incluso los buenos” (pp. 46-47).
En muchas de las páginas de Bruit noir, el poeta parece apelar al procedimiento de Charles Baudelaire en L’amour et le crâne. Ese poema se vincula a los simbolismos de un grabado de Hendrick Goltzius. Recordemos aquel niño pequeño jugando con pompas de jabón, recostado en una calavera humana. Ante la certeza de la muerte y la fugacidad de la vida, el lenguaje poético lleva la queja existencial a un rango filosófico.
Del mismo modo, Fabrice Lengronne utiliza los adjetivos “blanco” y “negro” como símbolos, sin dejar de ser a la vez colores, expresando por ejemplo:
“Sobre la hoja blanca, el ruido blanco/ la suma de todas las palabras/ los sonidos de todos los deseos/ el silencio ensordecedor de los discursos/ la infinita incontinencia del texto/ la ilusión de lo inmaterial/ En la masa oscura del papel negro/ el reposo del oído en la ausencia de las palabras/ la paz de los ojos en la mirada apagada/ el océano de ruido negro y su dulce música”. (Bruit noir, VI, pp. 132-133)
En los versos siguientes, un par de líneas esbozan una suerte de aforismo filosófico: “Ocurre que los párpados no tienen pensamientos” (Bruit noir, VII, pp. 132-133). Sin embargo, hay algo paradójico allí. Porque el poeta abre y cierra los ojos. Pero el poeta además de mirar, piensa. Y lo que no dice o no mira, porque cierra los párpados, puede ser tan importante como aquello que mira y dice. En homenaje a Wittgenstein podríamos preguntarnos: ¿qué elige decir el poeta, cuando no dice algo?
Por otra parte, importa consignar aquí que Fabrice Lengronne también es músico. El autor explica que la mayoría de sus obras musicales como Ainsi les yeux (2018) incorporan algunos de sus textos o los usa como título de las obras sonoras.
Y ha leído en espectáculos textos propios que no están incluidos en Bruit noir, como Venezia, en el corazón de su noche (1993-1994) o Fragmentos de soledad (2017-2023). En esas versiones escénicas polifónicas, sus poemas están acompañados por imágenes e intervenciones musicales.
Algunas de las expresiones de esa dimensión de su obra están disponibles en el sitio: https://anarchipel.net
Por eso no debería extrañarnos la sonoridad y el ritmo de sus poemas, incluso en cada versión en castellano:
“Esqueletos de ideas, tramas de conceptos/ retazos de ejercicio del espíritu/ huellas de alma y de confusión/ y por encima de todo, la humilde tentativa/ de no abdicar frente al enterramiento ineluctable/ y definitivo/ de nuestros sueños”. (L’échafaud des songes, pp. 144-145)
Poco después de esos versos, sigue la música de estas miniaturas perfectas: “Llevo mi exilio y camino” (pp. 146-147). Y he aquí una de mis favoritas, con la que deseo finalizar, pensando: “El verdugo espera su hora/ agazapado en la sombra de su hacha” (pp. 146-147).
Cuide el libro que tiene en sus manos. Porque es muy probable que Bruit noir haga rodar cabezas, en medio de sus relampagueos metafísicos.
Referencias
Ruido negro/ Bruit noir de Fabrice Lengronne. Editorial Yaugurú. Montevideo. Noviembre de 2024. Posfacio de Agustín Courtoisie pp. 177-179. Sitio del autor: https://anarchipel.net
El autor
Fabrice Lengronne nació en Francia, en 1963. Se describe como “compositor de música, de poesía y de arte sonoro”. Reside en Uruguay desde 1994 y es docente de la Facultad de Artes de la Universidad de la República.














