Historias de calles desiertas - "Dos películas para entender el mundo"

Columnas 03 de julio de 2020 Por Ezequiel Yebara
En “Cómo funcionan casi todas las cosas” y “La muerte no existe y el amor tampoco” Fernando Salem muestra, con una mirada simple y profunda, los fantasmas que nos persiguen y aquellos que buscamos nosotros. El director argentino trabaja sobre el significado de los sentimientos más profundos.
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La muerte no existe y el amor tampoco. 2019

A principios de 2020 escuché sobre una película que me llamó la atención desde su título. “La muerte no existe y el amor tampoco”. Tras las presentaciones en el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (MALBA) y el compromiso con el que el director acompañó (y acompaña) su obra, el film se hizo cada vez más popular.

Antes de ver la película que se encuentra basada en la novela publicada en 2009 “Agosto” de Romina Paula, me acerqué a la creación anterior de Salem. El largometraje me generó la misma curiosidad con el nombre, “Cómo funcionan casi todas las cosas” (2015).

En la película de 2015 el director logra cautivar con su propuesta concisa y acertada el desafío que significa vivir y la persecución de los sueños, mientras que en el estreno de 2020 narra una historia que reflexiona entorno al amor, la muerte y los fantasmas del pasado.

Hay cosas que no tienen explicación

“Cómo funcionan casi todas las cosas” cuenta la historia de Celina (Verónica Gerez). Una joven que vive en un pequeño pueblo en la provincia de San Juan, Argentina, donde el paisaje es seco y árido. Celina debe afrontar la muerte de su padre y esto despierta el deseo por juntar dinero para buscar a la mamá que, según lo que ella sabe, vive en Italia. Para lograrlo la chica abandona el trabajo que tiene en un peaje de una ruta que ya nadie utiliza y se dedica a vender libros puerta a puerta. El producto que debe vender es una enciclopedia que lleva de título el mismo que el film y contiene “Todas las respuestas a sus interrogantes”.

Una de las posibles interpretaciones de la película de Salem, es que el director muestra cómo Celina al perseguir al fantasma de su madre afronta el desafío de lograr sus sueños y objetivos en la vida. La mamá sería la representación de alguien que cumplió sus deseos al irse a vivir a Europa para vivir del canto.

En el viaje Celina conoce a diferentes personajes que tienen una característica en común. Ninguno se encuentra en el lugar que quiere o se dedica a lo que desea. La excepción a esto es Nora (Miriam Odorico), su compañera de trabajo en el peaje, quien admite ser feliz con sus crucigramas dentro de la cabina.

Sin embargo, a las otras personas que vemos no les sucede lo mismo. Raquel (Pilar Gamboa), que se dedica también a la venta de libros, le cuenta a Celina su historia y experiencia en la Capital Federal. Allí no fue feliz, ni se sintió cómoda y se tuvo que regresar al pueblo porque quedó embarazada, sin embargo anhela volver a la gran ciudad. Su hijo se llama Brian (Vicente Esquerre) y acompaña a las mujeres en el viaje. Él tampoco está en el lugar donde quisiera estar ya que desde un comienzo dice que le gustaría ir a la casa de su abuela.

Celina, Raquel y Brian hacen una parada en la estación de servicio de Nelly (Marilú Marini). Cuando a la mujer se le pregunta sobre su vida, ella admite que lo que siempre quiso fue vivir cerca del mar y no en el medio del desierto. Por otra parte, habrá otro curioso personaje al que se le modifiquen los planes de su vida, el perro astronauta Milos. El animal es el designado para realizar una misión al espacio desde Estados Unidos pero su cápsula se desintegra y cae en el vasto terreno sanjuanino para unirse a Celina en el difícil viaje con el fin de cumplir sus sueños. Como integrante final de este elenco que lidia con su destino (palabra que aparecerá en momentos cruciales del film), la madre del personaje interpretado por Gerez no está en Italia sino que se encuentra mucho más cerca de lo que se espera.

“Cómo funcionan casi todas las cosas” cuenta la historia de un personaje que a través de la búsqueda de una persona del pasado, realiza un movimiento desde un pueblo chico hacia algo más grande y desconocido.

En una escena tras la muerte de su padre Celina se encuentra con Aldo (Sergio Pangaro), un ex amigo y compañero de trabajo del fallecido. Entre los momentos que recuerda, el hombre le relata una experiencia que tuvo junto al papá de Celina en el lecho de muerte de un cliente. La conclusión a la que llega al tratar de darle sentido a lo que sucedió es que hay cosas que no tienen explicación. De la misma manera que no la tienen los planes que hacemos para cumplir muchos de nuestros sueños, sus desenlaces y ese camino que puede ser tan complejo como atravesar el desierto.

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A los árboles altos los mueve el viento y a los enamorados el pensamiento

“La muerte no existe y el amor tampoco” funciona a la inversa de “Cómo funcionan casi todas las cosas”. En el film en el que Antonella Saldicco interpreta a Emilia, la chica deberá visitar su pueblo natal en el sur de Argentina donde, en este caso, los fantasmas la perseguirán a ella.

La película de 2020 desarrolla las contradicciones que existen alrededor del amor, la maternidad, la vida y la muerte. Esto aparece a lo largo del viaje que debe realizar Emilia para ir a tirar las cenizas de su mejor amiga Andrea (Justina Bustos) que se quitó la vida años atrás.

Al regresar a su ciudad el personaje de Saldicco deberá enfrentar su pasado. Tendrá que responder a las insistentes preguntas sobre la vida que formó en la Capital Federal, el novio que tiene allí y su carrera profesional. En contrapunto a “Cómo funcionan casi todas las cosas”, aquí la protagonista ya se fue del pueblo chico. Pero…tampoco es feliz de manera completa, lo que se deduce a partir de sus dudosas respuestas y gestos titubeantes ante cada pregunta.

Hay una secuencia que ayuda a entender una de las posibles interpretaciones que ofrece la película. Jorge (Osmar Nuñez) es el padre de Emilia. La chica lo visita en su trabajo y el papá la invita a cenar a su casa donde le promete que la esposa es una gran cocinera que prepara platos caseros. De hecho, el hombre dedica varias líneas de diálogo a las habilidades culinarias de la mujer. Emilia acepta la invitación pero lo que la mujer del padre prepara no son más que ñoquis de paquete, aunque aclara que la salsa es casera. Además la cena será un momento importante de la historia en donde, mediante un diálogo aparentemente liviano y cotidiano, los miembros de la nueva familia de Jorge hacen notar a Emilia que no es tan feliz como ella dice en Capital Federal.

No es lo mismo una cena casera y placentera que recibir pasta de elaboración industrial y atravesar un momento incómodo, esta diferencia puede pensarse como los matices que existen entre expectativa y realidad. Es algo similar a lo que atraviesa Emilia tras haber dejado el pueblo e irse a Buenos Aires. Una de sus amigas en una charla le dice: “Vos te fuiste justo, te perdiste una vida maravillosa”.

El regreso de la protagonista al pueblo le recuerda que tenía otro camino disponible en su vida y ella decidió asumir el riesgo e irse. Su nueva vida no es perfecta pero tampoco lo que quedó en la Patagonia lo es. Sin embargo, ante el acecho de esos fantasmas del pasado, Emilia se siente movilizada y le desencadena hacia el final un llanto desconsolado.

Sin importar el camino que se elija, más allá de la pareja con la que uno lo haga, la perfección, la felicidad, la muerte no existen y el amor tampoco.

Vale la pena sentarse a ver las películas de Fernando Salem. El director logra captar con simpleza, sin extenderse demasiado y con diálogos de frases tan sinceras como reales una parte de los matices alrededor de las grandes dudas existenciales de la vida.

Siempre tuve las manos frías. Mis extremidades llegan a cambiar de color cuando pierden temperatura. Es una sensación extraña, casi como que dejan de formar parte de mí. Se ponen azuladas, moradas como un cielo con luz apagada. Es difícil hacer que recuperen el calor.

Desde que vi las obras de Salem, hay un instante, una imagen, un gesto del personaje principal de “La muerte no existe y el amor tampoco” que no pude sacarme de la mente. Cuando Emilia llega a su departamento en Capital Federal decide calentarse las manos con el fuego de la cocina a gas. Ese momento me recordó a mis dedos fríos mientras estudiaba y a hacer lo mismo que el personaje de Saldicco para solucionar la pérdida de temperatura. Como otras frases y acciones de los personajes de estas películas, las manos sobre el fuego son un movimiento muy sencillo que condensa la capacidad de captar lo frágil de lo rutinario que tienen ambas obras.

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