Quedarse solos

Editorial 25 de noviembre de 2020 Por Nicolás Sanz
Hay una frase que se suele usar cuando la muerte asoma y se impone en nuestras vidas. "Nos vamos quedando cada día un poco más solos". Sentir que cuando se va algo, se nos va algo.
diegomaradona
Diego Maradona en su partido despedida

¿Hay amor más profundo que el de poner el cuerpo? Poner el cuerpo en el dolor. Quedarse un poco más solos. Ponerlo todo y sentir que hay algo nuestro que se va cuando alguien se va. ¿Hay algún amor más verdadero que ese?  La muerte de Diego Armando Maradona es esto que está pasando.

"Como jugador un fenómeno, ahora como persona..." Hace unos años en Miramar armamos la Peña Maradoniana. Y la armamos para batallarle a esa idea. El primer día que nos vimos con algunos dijimos: Diego? mejor persona que jugador. Un mantra.  Los que lo saben, lo saben y los que no, no nos pidan que lo expliquemos justo hoy.

Solamente narraré una cosa. Hay una imagen que se me viene al corazón por sobre las mil que tengo. Después de haber iniciado su meteórico viaje de Fiorito a las canillas de oro, como dice Cherquis, después de haber sido uno de los pocos argentinos que le conocen el peso a la del mundo, después de haber conocido lo que el poder puede mortificar a un ser humano que decidió no acomodarse donde calienta el sol, después de haberle puesto el cuerpo a mil batallas, Diego realiza su partido homenaje en la bombonera.

He transitado muchos espacios en esta vida y me ha tocado escuchar casi nunca a los terrenales decir en qué se equivocaron, en qué le erraron. El error como condición de la subjetividad humana. Y entonces, ese día llega Dieguito (cuenta que en la previa ni siquiera quería salir a la cancha)  y le dice al mundo, con belleza poética, que él se había equivocado, que había pagado y que la pelota no se manchaba.

Y entonces, uno lo mira a la distancia, con sus dos brazos cruzados, en la despedida que siempre había soñado. Y lo ve a Diego asumiendo la presión, pidiendo la pelota, siendo misericordioso con todos aquellos que convirtieron su vida en un suceso invivible. Perdonando como tan solo perdonan los que aman. Como si el destino de su vida con todos sus errores en la mochila, hubiesen sido solo su responsabilidad.

Eso es Diego. Eso va a ser siempre Diego. Con tanto gil dando vueltas que no es capaz de asumir una autocrítica de nada, el tipo va y lo hace en el día de su despedida. Y por eso, por eso no nos vamos quedando un poco más solos. Nos quedamos solos. Definitivamente solos.

Hace un rato leí un posteo de alguien que decía "Empiecen a decirle soccer o directamente 22 pelotudos corriendo atrás de la pelota. El fútbol ha dejado de existir" Y debo decir que suscribo a cada palabra. Diego es de esos pibes que se llevan la pelota cuando se van y terminan el partido, porque es su dueño. Tan simple como eso.  

Nos quedamos con el orgullo de haber compartido vida con vos, con el dolor de haberte visto ir antes de lo que esperábamos, con la bronca sobre los que hicieron de tu vida un infierno invivible. De ellos no nos vamos a olvidar. No los perdonaremos nunca.

Nos quedamos con la imagen de la copa, con tu llanto por las finales perdidas, con el insulto cuando te sentiste insultado. Nos quedamos con tus permanentes resurrecciones, con tu grito desaforado a la cámara. Por tu capacidad de ensanchar los limites de lo existente. Nos quedamos  con tu abrazo permanente por las causas justas, con tu abrazo a Fidel, Evo y Chavez. Con tu imagen cantando la marcha peronista, con la permanente reivindicación de tu lugar de origen.  Por estar siempre, pero siempre, del lado de los que están en el piso.

"Te vas pero te quedas" es un lugar común que no le hace ni cosquillas a lo que sentimos en este momento, Diego. Yo y unos cuantos millones más te queremos decir que te amamos todo lo que pudimos, que te defendimos en cada lugar en que nos toco hacerlo, que te devolvimos muy poco de lo que nos diste, que te vamos a extrañar cada uno de nuestros días, que valés mucho más que diez palos verdes, que nos cambiaste la vida y eso no es gratis, para nadie. 

Chau Dieguito, volá bien alto que acá todavía nos queda vida para seguir amándote en soledad.

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