Guaraníes en el Uruguay

Columnas 02 de noviembre de 2020 Por Medio Mundo
Segunda entrega del trabajo realizado por los estudiantes del Seminario de Derechos Humanos del IFD de San José, durante el año 2014, a cargo del Profesor Jorge Barrera.
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Maíz que planta una de las familias Guaraníes. - Foto: Grupo Profesorado, IFD San José. 2014.

Guaraníes en Uruguay

Antecedentes

Antes de la conquista se produce un movimiento migratorio de grupos guaraníes y tupíes hacia fuera de la selva ecuatorial, lugar de origen. Se supone que este movimiento fue debido a una gran sequía y escasez de alimentos. Los tupíes se desplazaron hacia el este de Brasil, los guaraníes se desplazaron hacia el sur, siguiendo los ríos de la cuenca del Plata, ocupando además el litoral sur brasileño.

Sus aldeas y territorios de caza se ubicaron en los valles de los ríos Paraguarí, Paraná, Uruguay y Jacuí, también en sus afluentes prefiriendo las áreas ocupadas por el monte fluvial. A través del valle del río Jacuí alcanzaron los litorales sur brasileño y uruguayo, disputando las  áreas de monte en galería, aptas para plantar, con los grupos pampeanos, cazadores y recolectores.

 En el río de la Plata,  se instalaron principalmente sobre su margen derecha y en las islas fluviales, siempre ocupando la estrecha franja de bosque subtropical en galería. Lo encontrado procedentes de las investigaciones arqueológicas, indican que llegaron unos 300 años antes que los europeos.

Su técnica  y estrategia de ocupación estaba relacionada, en parte, por una importante cantidad de guerreros,  su necesidad de búsqueda de prestigio social,  sumado a la práctica del canibalismo ritual. Por la conjunción de estas características se explican  lo s continuos ataques a las aldeas vecinas y la captura de los mejores guerreros enemigos.

La comunicación entre las diferentes aldeas estaba dada por una extensa caminería y por  las redes hidrográficas. Tenían un permanente contacto con  grupos  vecinos, no solo por  la guerras,sino también, por las uniones matrimoniales, el intercambio de productos y de artesanado.

Se presume que “el modo de ser guaraní”, implicaba la toma de decisiones de guerra  contra otros  grupos y se realizan uniones políticas o de parentesco entre las aldeas. De esta forma su imposición a los grupos que estaban ocupando los territorios a su llegada, se dio a partir de una pelea cuerpo a cuerpo y el canibalismo ritual.

En  cambio el proceso de interacción y aculturación se dio a partir de la vida en aldea, mediante los rasgos de la cerámica con sus características formales y estilísticas, la lengua y la horticultura.

Las aldeas se ubicaban siempre cerca de los ríos por razones de supervivencia. El río es un elemento fundamental para la vida, para la economía, la comunicación y también por motivos religiosos. Sus aldeas estaban compuestas de tres a  seis casas de planta oval, ocupadas por diversas familias nucleares pertenecientes a la misma familia extensa. Todas las casas se disponían alrededor de un espacio de uso común para reuniones, danzas, beberajes sagrados, festines y juegos. Cerca de las casas se encontraba el área de enterramiento realizado en grandes urnas de cerámica (ighaçabas).

Su subsistencia se basaba en la caza y la horticultura, concentrada fundamentalmente en el maíz (avatí) y mandioca dulce, además de porotos, batatas y zapallo entre otros cultivos. Se complementa con la pesca, recolección de moluscos, de frutas silvestres y miel.

Para construir sus utensilios necesitaban de materia prima: la arcilla. Utilizaban la roca, la madera, plumas y fibras vegetales, para otros artefactos necesarios como canoas, armas de caza o de guerra, canastos, adornos y  viviendas,

La horticultura comprendía,  además de lo necesario para alimentarse, el cultivo de algodón para los tejidos, tabaco,  que se fumaba en pipas de cerámica, asociado a las ceremonias religiosas y calabazas que servían de recipientes para diversos fines.

La organización administrativa y política estaba ordenada en cacicazgos, Existía un cacique (tubichá) por aldea. Éste basaba su prestigio en la capacidad de resolver problemas. Practicaban la poligamia,  sustentada por la cantidad de esposas que podía mantener y estaba estrechamente vinculada  a la distribución de bienes, por el principio de reciprocidad. Las esposas fabricaban objetos artesanales que el cacique repartía y que siempre debía hacer en mayor cantidad que el resto.

El mundo religioso estaba regido por los “chamanes” (los pajé y los karaí). Cada uno de ellos tenía responsabilidades diferentes. El de más jerarquía era  karaí que generalmente vivía alejado de la aldea, mientras que el pajé vivía dentro de ella. Ellos eran los intermediarios entre el pueblo y las fuerzas naturales, tenían poder sobre las enfermedades, conocían y trasmitían los mitos de origen y dirigían las ceremonias rituales. Su prestigio se centraba en el poder de la palabra y de las ceremonias,  defensores de las tradiciones ancestrales, y de las propiedades curativas de las plantas.

Cuando se agotaban los recursos, la aldea cambiaba de lugar.

Se supone  la presencia de grupos guaraníes  en nuestro territorio desde   la época precolombina. Mediante las investigaciones arqueológicas se han encontrado artefactos  que se pueden relacionar con lo guaraní en áreas del Río de la Plata, a partir de 1200 D.C. aproximadamente. . Pero su presencia en la zona del Río Uruguay, Paraná y Río Negro,   junto al de otros grupos sedentarios y horticultores que ya habitaban la región a su llegada.

Los europeos que formaron parte de las avanzadas de colonización, en esta área a partir década del siglo XVI, señalaron a extensión del uso de la lengua guaraní aún entre los grupos de cazadores recolectores.

Existen datos provenientes de la Arqueología y la Etnohistoria que han sido abordados, para reconocer y recuperar  la presencia de los grupos guaraní precolombinos y en interacción con la colonización europea temprana en el territorio uruguayo.

Existen evidencias que esta etnia recorre el territorio uruguayo, en forma esporádica desde mediado del siglo XVII y en forma permanente, grupos guaraní vinculados con las misiones jesuíticas del Paraguay,  desde principios del siglo XVIII. Según hechos investigados tanto por la Antropología Social, como,  desde la Historia, la Biodemografía y la Lingüística a partir de su importante aporte poblacional y cultural en el territorio uruguayo.

El proceso inmigratorio de los indígenas misioneros  ha dejando una huella muy marcada en lo cultural,  principalmente sobre el norte del Río Negro, y  presente en la construcción de memoria e identidad de algunas localidades.

En nuestro territorio la presencia Mbyá se produce dentro de los movimientos regionales de traslado grupal que los caracterizan, aparece a partir de que son objeto de estudio en la década de 1980 y la prensa se hace eco de su presencia. Desde ese momento se han realizado investigaciones sobre la vida de los grupos  Mbyá que se han asentado en territorio uruguayo desde ese momento hasta la actualidad.

Arqueología de lo guaraní en Uruguay.

La construcción del registro arqueológico guaraní precolombino es cuestionado (Farías 2005). Por tanto, el reconocimiento de elementos arqueológicos formales (cerámicas, instrumentos, etc.) asociados a los grupos guaraníes, se deberían tratar como signo de su relación con el territorio, no quiere decir que esté probada la presencia directa en el mismo.

De todos los artefactos encontrados, lo que más se identifica con la procedencia guaraníes es la cerámica. Estos se han encontrado en la cuenca del río Uruguay, en sus islas, sobre el Río Negro hasta la desembocadura del río Tacuarembó y por éste hacia el norte. También existen identificaciones sobre el margen izquierdo del Río de la Plata hasta la desembocadura del río Santa Lucía, en la cuenca de la Laguna Meríny la costa oceánica.

La presencia de utensilios  de origen guaraní carece de variable temporal. Hay algunos sitios fechados para algunos en el Plata (ca.1200dc. en el Delta del Paraná) (Cabrera 1994) pero no se tienen otras aproximaciones cronológicas.

Indígenas misioneros, guaraní, en territorio uruguayo

Como parte del proceso de colonización parte del territorio uruguayo estuvo ocupado por las  Misiones Jesuíticas, lo que marcó la cultura del norte del Río Negro.

Durante el período Jesuítico (1609-1768) y el pos jesuítico, hasta la década de 1830 se instalaron miles de indígenas que huían de la región de los pueblos misioneros, debido a la persecución y a las luchas armadas.

Hasta 1670 el área al norte del Río Negro se incorporó al territorio de las Misiones Jesuíticas, como parte de la estancia del Pueblo de Yapeyú. Esto ocurrió en constante enfrentamiento contras los grupos de cazadores recolectores, naturales ocupantes del territorio. El espacio fue ocupado en forma transitoria, en el caso de arreadas de ganado y también en forma permanente, en el caso  de puestos y capillas instalados para el cuidado de ganado y realización de los rodeos (Poenitz y Poenitz, 1993).

Las manufacturas,  realizadas por indígenas aculturados,de las Misiones jesuíticas como los Guaraníes y de otros grupos,  como los Charrúas, Guenoas y Yaros, que incorporaron  tecnología “de contacto” reconocidas a nivel de la cultura material en la cerámica, aunque mantienen las características de la cultura  indígena, incluyen la presencia de influencias europeas. Por ejemplo, las bases planas, las asas, la imitación de algunas formas estilísticas europeas amalgamadas con  tecnologías indígenas, así como el uso de instrumentos de metal. Por último, en e nivel simbólico, también, se percibe la influencia española,  en la incorporación de actividades relacionadas con los ritos de la Iglesia Católica  (Curbelo y  Branco 2005).

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