Dimensiones de la personalidad moral, definición y consideraciones didácticas

Columnas 28 de octubre de 2020 Por Jorge Barrera
En esta última entrega sobre la perspectiva pedagógica de los Derechos Humanos, Jorge Barrera presenta las diferentes dimensiones que integran el desarrollo de la personalidad moral en el modelo de Puig Rovira y cómo se insertan en una educación en clave de DD.HH.
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Perspectiva pedagógica de los Derechos Humanos - Por Jorge Barrera

Dimensiones de la personalidad moral

Puig Rovira, distingue ocho dimensiones en el desarrollo de la personalidad moral: autoconocimiento, habilidades sociales, autorregulación, habilidades para el diálogo, razonamiento moral, empatía y perspectiva social, comprensión crítica, y la Capacidad de transformar el entorno.

Autoconocimiento.

El autoconocimiento es la capacidad que posibilita un progresivo conocimiento de sí mismo, la autoconciencia del yo, implica la clarificación de la propia manera de ser, pensar y sentir, y su valoración. Se basa en el imperativo socrático: “conócete a tí mismo”. Si bien la ética socrática era fundamentalmente racional y el autoconocimiento, aquí propuesto, va más allá, tratando de incorporar también la dimensión afectiva.

Las estrategias didácticas para desarrollar esta dimensión son: Trabajar con fichas de auto observación, la realización de ejercicios autobiográficos y los ejercicios de clarificación de valores.

Quien logra desarrollar adecuadamente esta dimensión, manifiesta una ajustada imagen de sí mismo, comprende y exterioriza sus sentimientos, analiza sus actitudes de modo crítico y es capaz de elaborar proyectos personales.

Educar es modificar actitudes y conductas. “Educar es el arte de hacer que aflore todo lo más hermoso, lo más valioso, lo más digno, lo más humano que hay en el corazón de cada persona. Es posibilitar el despliegue de sus talentos, de sus capacidades, sus dinamismos positivos más personales..” (Pérez Aguirre,1999)

La segunda dimensión es el desarrollo de habilidades sociales, nos referimos al comportamientos a través del cual conseguimos interaccionar con los demás de forma eficaz; entablar relaciones con facilidad, transmitir información, prestar atención a aquello que comentan los interlocutores, y dejar una agradable sensación en los receptores tras la referida interacción. La estrategia didáctica sugeridas para el desarrollo de esta dimensión es el juego de roles, es una manera de vivenciar las situaciones que se presentan en la vida cotidiana, buscando actuar de forma asertiva.

El desarrollo de esta dimensión permitirá que el sujeto demuestre coherencia entre sus propias opiniones, conductas y los valores básicos. Esto no implica ceder constantemente y adoptar los puntos de vista de los otros cuando no se está de acuerdo,  con la única finalidad de mantener una relación positiva, sino también poder disentir, pero siempre expresando conductas asertivas.

La tercera dimensión es la autorregulación,  se define como un proceso comportamental, constante y continuo, en el que la persona es la máxima responsable de su conducta. Contribuye a la adaptación de las normas externamente establecidas,  pero también, favorecer el desarrollo de la dimensión proyectiva del sujeto. Lograr que la persona sea capaz de actuar con relativa independencia de agentes externos, consiga organizar su tiempo y no necesite refuerzos inmediatos para  la acción. Las fichas de auto evaluación y la dramatización, pueden también ayudar en el desarrollo de esta dimensión.

La cuarta es el desarrollo de habilidades para el diálogo. Este es considerado desde dos perspectivas, como fin en si mismo y como procedimiento. El diálogo implica una  escucha atenta y una argumentación consistente.

Es el instrumento idóneo para resolver las situaciones de controversia y es la mejor herramienta que se debe  utilizar  para lograr un buen entendimiento.

Desde este punto de vista, afín a la perspectiva de la ética comunicativa, de la cual son Apel y Habermas representantes, el diálogo es considerado como un principio que ayuda a superar posturas individualistas a la vez que evita caer en las posiciones más heteronomistas.

Coincidimos con Adela Cortina (1998, p.72) cuando afirma que la actitud dialógica se refiere a la disposición personal hacia la búsqueda de un acuerdo unánime en la solución de cualquier problema, que intenta satisfacer intereses universalizables.

Consideremos ahora el Razonamiento moral, muchos de los conflictos morales que experimentamos, directa o indirectamente, no tienen una única solución clara y concreta. En la mayoría de casos son muchas las variables que se entremezclan y debemos ponderarlas racionalmente, para poder establecer criterios y tomar una decisión.

Trabajar los fundamentos de la argumentación, la realización de debate en distintos formatos y los comentarios de texto para promover intercambios de opiniones, propiciando la participación y la escucha, ayudan al desarrollo de las competencias dialógicas de los estudiantes.

La siguiente dimensión a desarrollar es el razonamiento moral. Piaget incorporó este tema en su libro “el criterio  moral del niño” en el año 1950 y Kohlberg profundizó y amplió la teoría, afirmando que existen seis estadios divididos en  tres niveles –preconvencional, convencional y postconvencional- que son universales-. Ambos teóricos promueven una conducta autónoma, pasando de estadios de heteronomía a otros en los que la persona actúa según sus propias convicciones morales. El propio Kohlberg propone la resolución de dilemas, como herramienta ara el desarrollo del juicio moral, también se pueden trabajar estudio de casos, diagnóstico de situaciones, fundamentalmente (sobre temas relevantes y controvertidos para el estudiante.

La empatía y perspectiva social, es otra dimensión, ésta supone una condición básica para el comportamiento y el desarrollo del juicio moral, con la consiguiente comprensión de los conceptos de justicia e imparcialidad. La empatía supone la capacidad de poder ponerse en el lugar del otro y, por lo tanto, pensar y sentir como lo hacen los demás. A través del desarrollo de esta dimensión, la persona, manifiesta preocupación por el prójimo y es capaz de realizar acciones solidarias. Se sugiere trabajar entrevista, encuestas, role playing y visitas didáctica.

 La comprensión crítica es una de las dimensiones centrales en relación con el desarrollo moral. Supone la aplicación de las herramientas necesarias para la construcción del conocimiento social,  a la vez que posibilita el desarrollo de la dimensión moral valorativa. Se refiere a la capacidad de analizar el contexto despojándose de prejuicios y esteoreotipos naturalizados. Lograr ser capaz de observar desde una mirada que vaya más allá de lo obvio, identificando  situaciones sociales y moralmente controvertidas. La comprensión crítica habilita al estudiante a analizar y argumentar sobre diferentes  situaciones y procurar buscar nuevas soluciones. Para el desarrollo de esta dimensión sería conveniente trabajar  la contrastación de materiales publicados recientemente sobre temas de interés actual, así mismo, el  visionados con comentarios (Cine foro, documentales, etc.), debates, son estrategias pertinentes.

Por último, la capacidad de transformación del entorno, permite la formulación de normas y proyectos contextualizados en los que se pongan de manifiesto criterios de valor relacionados con la implicación propia y el compromiso responsable. El desarrollo de esta dimensión de la personalidad moral, habilita al sujeto a realizar acciones solidarias y lo impulsa a Intervenir en actividades que redundan en beneficio de la comunidad. Sugerimos como estrategias didácticas para el desarrollo de esta capacidad, la realización de proyectos interdisciplinares y las acciones comunitarias.

Los criterios que se han señalado no ocurren de modo lineal ni estricto, no es simple ponerse de acuerdo en las reglas colectivas. Las personas viven en sociedad, forman parte de clases y grupos que tienen poderes desiguales y valores diferentes. Si bien las la escuela es muy importante en el desarrollo de sus valores, no debe de pensarse que ello es suficiente. No obstante, si bien la educación no soluciona todos los problemas, puede ayudar mucho. Espero que estos artículos sean un aporte a la educación en clave de Derechos Humanos.

 Bibliografía

 Conciencia moral y acción comunicativa. Habermas, J (1985). Barcelona: Península.

Declaración de las Naciones Unidas sobre educación y formación en materia de derechos humanos. 2011

 El criterio moral en el niño. Piaget, J (1984) Barcelona: Martínez Roca.

 Ética comunicativa y democracia. Apel, K; Cortina, A; Dezan, J; Michelini, D (ed.) (1991) Barcelona: Crítica.

La construcción de la personalidad moral.Josep Maria Puig Rovira.Paidos Iberica.1996

Psicología del desarrollo moral. Kohlberg, l (1992). Bilbao Desclée De Brouwer.

Pedagogía del oprimido. Freire, P (1979b). México: Siglo XXI.

Construcción dialógica de la personalidad moral. Josep Mª Puig Rovira. Revista Iberoamericana de Educación. Número 8.1995.

Educación y Democracia

Si digo educar para los Derechos Humanos,  Pérez Aguirre, Luis. 1992

Wilfred Carr, Stephen Kemmis (1986); Teoría crítica de la enseñanza. La

investigación-acción en la formación del profesorado. Martínez 

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