Francia y sus "desarreglos" con el coronavirus

Columnas 03 de julio de 2020 Por Adolfo "Fifo" Guidali
Pienso que, en mayor o menor grado, todos estarán hartos de estadísticas sanitarias, sin embargo, es imposible describir la situación de Francia frente a covid-19 sin brindar cifras y, claro, sus cosecuencias más directas en los diferentes ámbitos.
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Vista de la Torre Eiffel en París - Foto: Michel Euler

El jueves, el número de casos de coronavirus constatados desde que se detectó el primero en el país, el (24/01/2020, aunque se menciona otro aislado que correspondería a un mes anterior), era de casi 166.000, poco más de 76.500 pacientes curados, o sea poco menos del 50%, y lo peor es el número de fallecidos, que casi alcanza a 30.000. La población total de Francia es de casi 67 millones de habitantes.

Nos encontramos sobre el final de la llamada fase 2 de la epidemia, que podría denominarse la de "frenar la propagación del coronavirus" y se espera que en pocos días se decrete la fase 3, que es "la de atenuar los efectos" de covid-19, y podría durar entre dos y tres meses.

Creo que, en general, hay un mal manejo de las cifras a nivel internacional, puesto que algunos listados reflejan la cantidad de infectados, pero a veces sin contar el número de muertes en proporción, ni la población del país en cuestión, y otro detalle importante: ¿cuál es la proporción de casos curados? 

Francia se encuentra en el decimosexto puesto en el mundo en cantidad de infectados, sin embargo, tiene una de las mayores tasas de mortalidad y, un país con un muy buen sistema sanitario fue tomado por sorpresa como otros tantos por la pandemia, está quinto, apenas por delante de México y España en el triste ránking de fallecidos.

Un inciso, preocupante, y válido para todo el mundo: ¿Estamos preparados para recuperar la normalidad o simplemente los dueños de la pelota están buscando el equilibrio más apropiado para ellos entre mártires sacrificados a covid-19 y su necesidad de reactivación del dios mercado? No hay que bajar la guardia.

Como en todas partes, en Francia existe un temor a posibles rebrotes con nuevos focos de la enfermedad según se vayan flexibilizando las medidas de contención. Ya se ha visto en otros países.  En este momento aquí preocupa el gran aumento de casos que se registra en ultramar, concretamente en la Guayana francesa, fronteriza con Brasil.

Aquí, una vez detectado, tarde, el coronavirus y su rápida expansión, se tomaron medidas de confinamiento obligatorio, con la única excepción de salir a comprar alimentos o ir a la farmacia.

Se impusieron multas a los transgresores que no contaran con una autorización para movilizarse, que se obtenía online. No obstante, hubo cierta laxitud y los controles eran estrictos sólo en lugares turísticos y de oficinas empresariales en el caso parisino, por ejemplo, en tanto que en los barrios residenciales mucha gente paseaba como si aquí no ocurriera nada, a lo sumo algunos portando mascarillas o viseras de plástico. Sí disminuyó muchísimo el tráfico de vehículos en las calles.

Una experiecia personal: cuando comenzó el confinamiento estaba de vacaciones, por lo que un día tuve que ir a mi empresa a buscar el material para teletrabajo. Tomé un taxi y nos controlaron dos veces. Yo no tenía el certificado necesario, pero con mi carné de prensa zafé. Pero, en el primero, el taximetrista no encontraba el suyo, por lo que estuvimos casi diez minutos retenidos. A esa altura de París, cerca del Louvre y de Opéra no había tráfico, pero en otras partes sí.

En la fase 2, se reabrieron centros de enseñanza, se pueden utilizar los transportes públicos sin problema, se reabrieron bares y restaurantes, pero en todos los casos tomando medidas obligatorias de uso de mascarillas y el llamado distanciamiento social, que a veces tiene mucho de social y muy poco de distanciamiento.

Tampoco es raro por las noches ver pasar por el Sena barcos de recreo, con restaurantes o bares, donde la gente parece hacinada. ¡De no creer!

También muchos jóvenes, en lo que podría llamarse un acto de rebeldía, desafiaron las medidas de contención y se les veía haciendo una vida normal, si a eso, sin comercios, bares, espectáculos o centros culturales y deportivos, se le puede llamar vida normal.

Hablando de espectáculos, al igual que clubes, discotecas y otros locales festivos, en principio esta previsto que reabran el 11 de julio, lo que por lógica podría coincidir con el comienzo de la fase tres.

Con el confinamiento obligatorio, a pesar de las trasgresiones, la mayoría tuvo una actitud sensata. Se sufrieron muchas restricciones, y la rutina. En mi caso, como al igual que otros varios millones de personas, hice y sigo haciendo teletrabajo desde casa, comunicado online con mi empresa y colegas. 

Para mí, una sensación extraña, me gusta la soledad cuando soy yo quien la decreta, por lo que esto me resulta algo un poco, incluso a veces, bastante depresivo y claustrofóbico. Por supuesto, salgo a caminar siempre que puedo y me siento en alguna terraza para regalarme con un par de copas de un buen tinto de Burdeos.

Fuera de Francia, a un nivel macro, salvo excepciones, la pandemia ha sido a mi parecer mal gestionada. Muchos, empezando por EEUU, que minimizó el alcance de covid-19 y así está, criticaron la gestión de la Organización Mundial de la Salud (OMS) que, me parece, de acuerdo a sus medios hace lo que buenamente puede.

Después están los bulos sobre cifras, posibles remedios,  o esa especie de competencia de ¿quién tiene más casos o más muertes? También los que dicen que hay países que no son transparentes y falsean las cifras, según "expertos". 

Por ejemplo, el caso de Rusia, que registra un número impresionante de casos de infectados, entre los mayores del mundo, pero un bajísimo índice de morbilidad. Irán es otro país que está en el ojo del huracán por motivos similares, aunque el índice de fallecimientos es mucho mayor.

Uruguay ha enfrentado la crisis sanitaria con responsabilidad y madurez. El nuevo gobierno ha estado a la altura, como creo que lo estaría cualquier otro en funciones. 

Eso sí, Luis Lacalle Pou asumió la presidencia hace apenas cuatro meses y un par de días con la suerte de heredar un sistema sanitario de calidad desarrollado por gobiernos anteriores, cuyos integrantes recibieron durante la campaña electoral críticas por su excesivo gasto en el sector de la salud que, creo, estaba en el orden del 10% del PIB.

Hay dos sectores en los cuales cualquier nación respetable debe ofrecerles sus mayores esfuerzos: salud y educación, el resto viene un poco después.   

Creo que hay que pensar con más humanidad. Esto nos afecta a todos y hay muchos que se encuentran en la primera línea de fuego y a veces con poca protección, me refiero al personal de la salud: médicas y médicos, enfermeras y enfermeros, asistentes sanitarios, camilleros, conductores de ambulancias, centenares de miles de personas que se juegan la vida en lo cotidiano y muchos deben vivir aislados de sus familiares.

Pero, hay que pensar más que nunca en valores como solidaridad, compromiso y sensatez y, sin llegar a extremos paranoicos, seguir tomando precauciones. 

Aquí no se trata de competir declarando más o menos muertes, sino más que nunca evitarlas.

Como despedida me inspiro en alguien joven, mi hijo Mateo, quien vive en Madrid, una ciudad, capital de un país muy golpeado por la pandemia. Hombre de perfil bajo no me perdonará que lo haya mencionado, pero tras una canción que compuso llamando a la unidad en la dura circunstancia actual, al final rotula con un castizo: "Seguid tomando precauciones que el bichete sigue por ahi".-

Adolfo "Fifo" Guidali      

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