Autoritario es el otro

Columnas 11 de julio de 2020 Por Agustín Courtoisie
Muchos mitos recorren los medios masivos y se instalan hasta convertirse en parte del sentido común. He aquí tres de ellos: la pretendida libertad de Occidente frente al autoritarismo de Oriente, la convicción de que el Sars-CoV2 es el resultado de técnicas genéticas utilizadas por laboratorios chinos y la enternecedora visión de que la pandemia representa una oportunidad nueva para el mundo. 
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Autoritario es el otro - Por Agustín Courtoisie

Debo a un diálogo que mantuvimos con Nelson Caula, la mayor parte de esas y otras ideas, que intentaré condensar en una serie de artículos. La invitación del programa “El Tungue Lé”, de Radio Uruguay, era para mirar la pandemia, la reclusión sanitaria y las nuevas prácticas sociales desde una perspectiva filosófica. Yo propuse ser menos académico y preferí hablar desde el lugar de un ciudadano peatón sobre estos temas. Pero, por supuesto, tomando en cuenta lo que dijeron en estos últimos tiempos Byung-Chul Han, Yuval Noah Harari, Naomí Klein o Slavoj Zizek.

Algún oyente amigo me reprochó que más allá de los detalles eruditos del diagnóstico no hubo en esa media hora de diálogo ninguna propuesta para enderezar entuertos. Así que me adelanto a despejar ese equívoco propio de quienes hacen otras cosas mientras dejan la radio encendida: este artículo reitera algunas medidas básicas aludidas en la entrevista y que han propuesto varias personalidades dentro y fuera de fronteras: reivindicación desinteresada del bien común como ethos de la ciencia contra la investigación hecha a la sombra de intereses militares y comerciales; impuestos fuertes a la fuga de capitales; control de flujos financieros para evitar el lavado de activos; implementación de ingresos mínimos vitales, limitación de rentas máximas y exploración razonable y progresiva de diferentes formas de renta básica universal o selectiva. 

 Respecto de estas últimas iniciativas basta pensar en la carta del Papa Francisco a los movimientos sociales de la Argentina (pide pensar en un “salario universal”); la defensa de “un ingreso básico universal” de Esther Duflo y Abhijit Banerjee (ambos premio Nobel de Economía); y en el llamado de la CEPAL de crear una renta básica como paso previo a un ingreso universal. Regresemos ahora a la filosofía. Me dijo Caula: “Básicamente los temas son los de siempre. La vida, la muerte, la libertad, el miedo, el ocio, el trabajo, la verdad, el control político, la economía, la desigualdad social, el capitalismo, el socialismo. Todo eso por el filtro de esta pandemia”. Esa enumeración me resultó muy útil. Empecemos con el tema de la libertad.

Byung-Chul Han, por ejemplo, ha insistido en que quizás los asiáticos han logrado contener el virus gracias a su mentalidad autoritaria. Harari llegó a decir algo un poquito más fuerte: “estamos entre la vigilancia totalitaria o el empoderamiento ciudadano”. Creo que acá tenemos un primer mito que ha generado la pandemia: la libertad de Occidente frente al autoritarismo de Oriente (si es que puedan declararse existentes tales entelequias). No creo que sea sostenible esta mirada que califico, francamente, de ingenua. Todos aquellos que creen que Corea, que China, son las únicas o las principales sociedades autoritarias del planeta, me parece que son muy ingenuos.
 Yo me permito citar tres cosas. El que haya leído la autobiografía de Edward Snowden, sabrá a lo que me refiero. El permanente espionaje no solamente de ciudadanos supuestamente peligrosos, sino también de países aliados o de ciudadanos comunes, que han practicado las potencias más importantes del mundo, en particular EE.UU. ha sido ampliamente demostrado. Solamente una persona muy desinformada puede ignorar todo lo que Snowden ha dicho sobre esto. La vigilancia autoritaria nos ha tocado de cerca. En la vecina orilla el ex presidente argentino Mauricio Macri ha sido denunciado muchas veces por las escuchas ilegales y hay indicios de que el Uruguay está propenso a seguir sus pasos.

 Sigamos con todo lo que ha revelado Julian Assange, que hoy está preso y posiblemente torturado en un acoso de tipo psicológico, si no químico y físico. Todo lo que ha filtrado Julian Assange es terrible, o sea, todo lo que ha mostrado sobre las prácticas de las grandes naciones del mundo, que pregonan la libertad pero financian invasiones y pagan a organizaciones que reclutan mercenarios.

 Entonces, si la gente no quiere estar informada de quiénes fueron estos señores (Snowden y Assange) por lo menos que mire en Netflix el documental Nada es privado (The Great Hack), donde se revela entre otras cosas cómo Facebook vendió los datos de millones de usuarios a Cambridge Analytica, que los utilizó con algoritmos de Big Data para incidir, por ejemplo, en variadas circunstancias políticas de distintos países.

Dicho sea de paso. En otro momento de la entrevista con Nelson Caula en Radio Uruguay, me referí a Yuval Noah Harari, a quien dediqué un capítulo entero de mi libro Ciencia Kiria, Ensayos sobre ciencia, tecnología y sociedad (2018). Hay elementos conceptuales en Harari que parecen funcionales a estas visiones belicistas del mundo e incluso supremacistas. Es decir, cuando Harari dice que estamos “entre la vigilancia autoritaria o el empoderamiento ciudadano” parece contradecirse con las doctrinas expresadas en sus obras más conocidas. Por cierto estamos ante un autor muy documentado y agudo, pero hay en sus obras elementos protonazis, como en estado de espora. Y para decir esto hay que ser muy cuidadoso. Por ello aquí lo cito en forma textual cuando afirma, por ejemplo, en Sapiens. De animales a dioses: “Los nazis no aborrecían a la humanidad. Luchaban contra el humanismo liberal, los derechos humanos y el comunismo precisamente porque admiraban a la humanidad y creían en el gran potencial de la especie humana” (Harari, 2016: pág. 260). ¿Ahora Harari habla del “empoderamiento ciudadano” y en contra de “la vigilancia autoritaria”? Cambió el muchacho.

 Yo no creo que haya que explicar por la maldad lo que se puede explicar por la estupidez y la desinformación. Digamos que la gente está desinformada. Ahí está un primer mito a derribar: la libertad de Occidente es un hermoso ideal pero que no se cumple, como lo han revelado Snowden y Assange, y como lo ha revelado el documental Nada es privado y muchos otros trabajos que han ahondado sobre esto. Cuando la Filosofía se ha metido en estos temas a través de Byun-Chul Han o Yuval Harari, se ha equivocado. No es dado observar un mundo de ciudadanos empoderados, libres, capaces de elegir dentro de lo que le muestran los medios para después opinar, en contraste con países donde la represión de las opiniones es más obvia pero por eso acaso menos perversa que en Occidente. Realmente es muy ingenuo, es muy cándido todo eso.  ¿O en realidad es otra cosa? Porque si no es desinformación lisa y llana (y entonces no habría que hablar de más sobre ciertas cosas), entonces se trata de una hipocresía sin límites. Por ejemplo, los países europeos que a veces se aluden en los medios rioplatenses como modelos aspiracionales, han permitido maltratar o dejado morir a cientos de migrantes. Pero fíjese usted que de ello podemos saberlo por la prensa y soltar lágrimas de buena conciencia. ¿Qué solemos invadirlos para derrocar dictadores y quedarnos con sus riquezas? Habladurías. ¿Qué EE.UU es un “imperio”? ¿Pero en qué túnel del tiempo sesentista viven los que usan esa palabra fuera de moda? 

Hay un dicho muy viejo que dice que la libertad le gusta a todo el mundo. Incluso al tirano le gusta la libertad. El problema es que los tiranos quieren la libertad para ellos solos. Algo de eso ocurre con los flexibles usos que se le da a la palabra “libertad” y de ahí el error de presumir la libertad de Occidente frente al autoritarismo de Oriente. Excepto en el uso tiránico de ella, al que recién nos referimos, es difícil entender cómo se puede hablar del valor de la libertad en una parte del mundo donde se ordena asesinar a una personalidad como  el general iraní Qassem Soleimani, o se hace la vista gorda con el descuartizamiento del periodista saudí Jamal Khashoggi. Pero a los que se nutren de los grandes medios les parece que el problema es apenas el “populismo” de Trump y de sus habituales chabacanerías vía Twitter. 

En una próxima nota, abordaremos el segundo mito, muy fácil de creer porque China está lejos culturalmente para ser audible y desmentirlo.


Referencias

HARARI, Yuval Noah (2016). Sapiens. De animales a dioses. Breve historia de la humanidad. Barcelona: Editorial Debate. 


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* Ex Director Nacional de Cultura (MEC). Profesor de filosofía, docente en la FIC – Udelar, autor, entre otros libros, de A ciencia cierta (2010) y Ciencia kiria. Ensayos sobre ciencia, tecnología y sociedad (2018).

Agustín Courtoisie

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