
Inteligencia artificial y psicoanálisis: encuentro de tribus

Álvaro Zas, Agustín Courtoisie, María Simón – Foto APU 2026
Primero corresponde agradecer y contarles que el grupo espontáneo que se armó para preparar esta sesión de hoy con María [Simón], Álvaro [Zas], Claudio [Danza], Amparo [Luraschi] y Margarita [Muñiz], a través de una sesión por Zoom, realmente tuvo una espontaneidad que ojalá en la mañana de hoy logremos dar una pizca de lo que fue el otro día. Realmente fue muy agradable el intercambio y ojalá me acuerde de algunas cosas que dijimos en ese entonces.
Mito del marco común
Celebro esto de las tribus, el encuentro entre tribus. Me parece que es una señal de la necesidad de cruzar a la vereda de frente, volver y otra vez cruzar. Creo que está ocurriendo eso del encuentro entre tribus. Y nada de locas pasiones, ¿no? El mundo está demasiado roto como para ilusionarse rápidamente.
Pero ayer, por ejemplo, en la Facultad de Ingeniería [Udelar] se realizó una actividad dedicada al Día mundial del lenguaje, que se tituló Inteligencia artificial y lenguaje. Y escuché cosas muy sustanciosas. Muy ubicadas entre lo académico sin levantarse a las nubes como en la canción de Leo Masliah y la cercanía con problemas de todos los días.
Por ejemplo, Dina Wonsever, es integrante de la Academia Nacional de Letras, pero además es docente e investigadora de la Facultad de Ingeniería. [Wonsever] se refirió en su ponencia a la investigación de autoría, a la atribución de autoría mediante inteligencia artificial. Y eso abarca muchas cosas diferentes. Desde a quién deberíamos atribuir los textos de Shakespeare, hasta cuando un suicida deja una carta. Esa carta, si comparamos con otros textos del suicida, ¿la escribió quien acaba de despedirse de este mundo? [ponencia titulada “La expansión actual de la inteligencia artificial y los grandes modelos de lenguaje”].
Me asombré también con la exposición de Diego Garat, que se dedicó a contar su tema de doctorado, que consiste también en un cruce de tribus, un intercambio entre tribus: se dedicó a explicar cómo acceder con la inteligencia artificial a documentos vinculados al derecho penal, expedientes, abordando una base pública nacional. Básicamente lo que se le pedía a la inteligencia artificial, contaba Diego Garat, era identificar escenas, escenas de la tragedia, la víctima, el victimario, el arma, los posibles motivos [ponencia “Procesamiento de documentos jurídicos con grandes modelos de lenguaje”].
Pero había una exigencia de anonimizar los datos. O sea, en esos expedientes que son públicos no puede aparecer ninguna línea de ómnibus, ninguna dirección, ningún nombre. Y al manejar mediante inteligencia artificial de modo masivo, esa ingente cantidad de datos encontraron que había expedientes que no estaban suficientemente anonimizados. No es [solamente] porque apareció algún nombre que no debía estar allí, sino que a veces basta una calle, una línea de ómnibus para poder identificar a las personas de las cuales se habla. Entonces, me pareció formidable.
Hubo otras cosas. Recordé una que había olvidado, la comentamos recién con María [Simón]. Desde hace años que hay grupos que investigan en la Facultad de Ingeniería y en una época en que el traductor de Google no tenía guaraní-español, español-guaraní o guaraní con ningún idioma, resulta que hubo un grupo de la Facultad de Ingeniería que primereó a Google con esto. Pero después, claro, con la potencia, el poder de Google para hacer las cosas... finalmente parece que Google también traduce del guaraní.
Yo diría que este cruce de tribus y ya que me toca hablar desde la filosofía, me hace acordar a una anécdota muy linda de Karl Popper, en un ensayo que se titula El mito del marco común [Popper, 1997]. No es santo de mi devoción Popper, pero igual acierta a veces. Voy a estilizar la anécdota de Popper. [Él] se refiere a un historiador antiguo que hace la crónica del encuentro de dos pueblos. Digamos, dos tribus con costumbres muy diferentes para despedirse de sus muertos. Parece que una de las tribus se comía a sus seres queridos fallecidos y la otra tribu los quemaba. Era un escándalo escuchar lo que hacía el otro con sus muertos queridos. [Al final] no se pusieron de acuerdo y se retiraron. Entonces, Popper dice que esa anécdota se puede contar con el escepticismo de que los seres humanos, en definitiva, en valores fundamentales, por ejemplo, cómo despedirnos de nuestros muertos queridos, no se van a poner de acuerdo nunca. Y esa es una manera de interpretarlo. [Sin embargo] Popper agrega otra.
Tal vez cuando cada tribu, cada pueblo se retiraba en direcciones opuestas, tal vez se quedaron pensando, “si yo hubiera nacido en ese pueblo, ¿no consideraría normal tener esta práctica funeraria?”. Entonces, la esperanza de Popper en ese ensayo es que no hay que esperar [disponer de] un marco común para sentarse a conversar. Siempre algo del otro nos va a quedar.
Dicho lo cual, hasta ahí las buenas noticias. Hasta ahí la parte optimista pese al desencuentro perverso, brutal, que muestra el mundo hoy en día.
Tecnófilos y tecnófobos
Una de las maneras sobre las cuales podríamos conversar [sobre la inteligencia artificial] es señalar a los tecnófilos y los tecnófobos. Si yo tengo que hablar de filosofía e inteligencia artificial, tengo que referirme a que hay personas que han pedido prohibirla, nos han advertido acerca de sus enormes peligros para el futuro.
Estoy pensando en Eric Sadin, estoy pensando en [Yuval Noah] Harari, estoy pensando en Stephen Hawking, tecnófobos [en lo referido a la IA] y grandes anunciadores de tragedias. Y después [en] la larga lista de empresarios de grandes multinacionales cuyos beneficios hacen mirar como imprescindible el desarrollo sin regulaciones de la inteligencia artificial. Pero a esto se suma una larga hilera de mercaderes, influencers en redes sociales que ven en las distintas formas de la inteligencia artificial esperanzas para resolver todo tipo de problemas.
Yo creo que esta manera de presentar el tema no sería la que honestamente me siento cómodo [como para] explicar esta mañana. [Claro que] puede ser elegante mostrar que hay dos extremos. Y uno [posicionarse] como los periodistas de hoy en día, que son periodistas-jueces, que pegan a un lado y pegan al otro, pero les pagan siempre los del mismo lado. Pues no es en esa [presunta] ecuanimidad, [del] vamos a buscar una alternativa, una solución del justo medio. No, no es por allí que quisiera comenzar.
Después pensé que tal vez habría que citar a Geoffrey Hinton, el ex de Google. Hombre muy creativo que cambió sus posturas acerca de la inteligencia artificial. Allí encontraríamos algo un poco más serio para empezar a conversar y estructurar la conversación de esta mañana. Él decía [Hinton] que hay tres puntos en los cuales va a impactar y ya está impactando la inteligencia artificial y no le veía una solución razonable ni confiable. Uno, es la alteración por completo de la noción de verdad y de verosimilitud, porque la inteligencia artificial es una fábrica de fake news muy bien hechas. Dos, es que va a provocar pérdida de empleos. Es decir, si hasta hace pocos años las nuevas tecnologías sustituían los trabajos rutinarios, la inteligencia artificial lo que va a hacer ahora es sustituir los trabajos creativos. Y tres, es una de las que más me preocupa a mí también: decía Geoffrey Hinton, es el uso de la inteligencia artificial con propósitos militares, de espionaje y de alteración de la privacidad.
Yo creo que esto también sería una [buena] manera de estructurar la charla. Porque si hay que acercar la filosofía y la inteligencia artificial, hay por lo menos tres disciplinas que tienen que estar convocadas aquí. Tiene que estar convocada la epistemología [o] la filosofía de la ciencia. ¿Qué cosa es el conocimiento? ¿qué conocimientos podemos dar por seguros? ¿cómo saber si algo es cierto?
En segundo lugar, la ética. Porque la pérdida masiva de fuentes de trabajo en un mundo [que] parece hecho cada vez para menos personas, creo que [obliga] a la filosofía a conversar desde ese lugar. Desde el lugar de la ética, por más que la ética tenga sus problemas y su [propia] interna académica. [Se omitió aquí mencionar en forma expresa una tercer disciplina, la filosofía politica].
Y [en tercer lugar] lo que tiene que ver con la guerra, el uso del conocimiento de grandes universidades del mundo para favorecer [el desarrollo de] drones [letales], para favorecer drones precisos, programas que identifican víctimas, drones que se conectan entre sí para hacer más certeros los ataques y más crueles.
[Quizás] tampoco me siento del todo cómodo hablando desde ese lugar en estos primeros quince minutos (ya me debe quedar la mitad).
La IA: gólem y lazo tóxico
En realidad, la inteligencia artificial debería ser caracterizada, si nos aproximamos al punto de vista filosófico, de la misma manera que dos autores que son muy utilizados en las carreras de Ciencia, Tecnología y Sociedad, que son los británicos Harry Collins y Trevor Pinch. [Ellos] tienen un libro que se llama El gólem. Lo que todos deberíamos saber acerca de la ciencia (1996).
[El] título [parece propio] de un manual de autoayuda o de divulgación simpática. [Pero] no tiene nada que ver con eso. Cada capítulo es un denso texto sobre alguna disciplina científica. Y lo que dicen Collins y Pinch acerca de la ciencia, podríamos decirlo de la inteligencia artificial.
Ellos dicen, la ciencia no es la panacea universal, [pero] la ciencia no es algo que debamos ver como un discurso autoritario. La ciencia es como un gólem. ¿Recuerdan la leyenda? Ese gigante enorme, poderoso, pero medio bobo. Medio bobo, pero nos puede matar. La ciencia la hicimos nosotros. Nos puede destruir [tanto como] nos puede sanar.
La ciencia es un gólem, decían ellos. Yo digo, la inteligencia artificial es como un gólem. Y si doy un paso más, me sentiría más cómodo todavía hablando de la inteligencia artificial como de un vínculo tóxico.
Yo permanentemente utilizo distintas plataformas, Claude, DeepSeek, ChatGPT,
Notebook LM. Hoy había preparado una presentación en base a meter un capítulo de mi libro en Notebook LM [Courtoisie, 2026]. Y me devolvió todo lo que le pedí: una presentación, un podcast, un informe, hasta una prueba de múltiple opción [por] si en algún momento decido utilizarla. Pero algunas cosas que escuché anoche [en la conferencia de Facultad de Ingeniería] me cambiaron la idea y no voy a usar la presentación.
Soy un usuario, diría, gozoso y dolido de todas estas plataformas, porque hacen cosas maravillosas y hacen cosas horribles. Es como una pareja tóxica, como un vínculo tóxico [con] una pareja, un socio, un compañero de trabajo. Nos vuelve loco, pero lo necesitamos [el vínculo]. Y [si] no estamos con él o con ella, lo queremos ver.
La inteligencia artificial [es similar] después de que uno se pasa horas interactuando y chequeando. Porque por supuesto que no solamente tiene alucinaciones, que son las más fáciles de detectar, sino ilusiones. O sea, distorsiona cosas y da, por ejemplo, títulos de la bibliografía parecidos al tema que uno le pide, pero no son exactos.
La inteligencia artificial es un vínculo tóxico. Hay que gozar y sufrir.
Ahora, desde el punto de vista de la ética, ¿cuándo? ¿cómo acercar la ética a todas estas cuestiones?
Si hablamos de la guerra, [si] hablamos de la pérdida de empleos, [si] hablamos de la definitiva ceremonia fúnebre de alguna idea de verdad, ¿cómo meter la ética en todo esto?
Es mucho más fácil, sobre todo entre estudiantes, ubicarse en posturas relativistas. Yo creo que el “hegemón” actual es el relativismo, o distintas formas de relativismo ético. Yo lo que voy a proponer, si es que tengo algún minuto más para hablar, es una propuesta que no es salir a lo grande con algún sistema ético y citar el imperativo categórico kantiano. O citar el utilitarismo de los ingleses, aquello del mayor bien para el mayor número.
Yo diría que hay cosas más modestas, más humanas, de pequeña escala para hacer desde el punto de vista ético, que en mi libro he llamado “máquinas éticas”. “Máquinas éticas” en el sentido de hacer conjugar distintos elementos muy heterogéneos como respuesta a esta tragedia que hoy es el mundo.
Ley del talión versus la doctrina Dahiya
Alguien me dirá: “pero, ¿desde qué lugar vas a decir que esto está bien, esto está mal?”
Yo le diría que el relativismo es un conjunto de posiciones, pero yo no puedo suprimir alguna mirada universalista que me diga que lo que está pasando es un error, un error y un horror.
La ley del talión se escribió en Mesopotamia dieciocho siglos antes de Cristo. La ley del talión, que después reaparece en el Antiguo Testamento, en mi juventud me parecía una salvajada: “ojo por ojo, diente por diente”. Esa salvajada hoy sería civilizatoria, o sea, [significa] la respuesta proporcional al daño que me infligen. Hoy ya no nos regimos por la ley del talión, sino por la “doctrina dahiya”: la destrucción total del adversario, su población civil, sus recursos [Moreno, 2023, 14 noviembre].
Entonces yo creo que si no se siente por lo menos la conjetura [de] que hay algunas cosas que no mueren y que están siempre...
Platón, en su psicología muy extraña, hablaba de tres partes del alma y las ubicaba en la cabeza, el pecho y el bajo vientre. La cabeza es la parte racional del alma [nous]. El bajo vientre ya lo sabemos [eros]. Ustedes como psicoanalistas si sabrán de deseos oscuros, o no tan oscuros. Pero lo otro, de lo otro no se habla.
La parte racional [el nous] y la parte concupiscente o apetecible [eros] son las más conocidas. Pero no se habla del thymos, no se habla de la parte en Platón que podríamos traducir como irascible: es el sentido del honor, el sentido de la dignidad [Platón, La República, Libro Noveno, 571 b].
Las tablas del Código de Hammurabi son de dieciocho siglos antes de Cristo. Los libros de Platón ustedes ya saben: siglos V y IV antes de Cristo. Y hoy en día buena parte de los filósofos están explicando el mundo por las luchas del reconocimiento.
[Las guerras] no son solamente por el petróleo, el coltán, las tierras raras. [Son] las luchas por mostrarse. [Son luchas por decir:] soy esto, ésta es mi identidad, desde los movimientos de “los sin tierra”, hasta los [movimientos] gay, o las entidades nacionales que se creen con derecho a expandirse.
Las luchas por el reconocimiento son un elemento que nos conecta con Platón. Muchas de las luchas se parecen a lo que estamos haciendo esta mañana: “Estoy hablando. Escúchenme”. Cuando a ustedes les llegue el momento de las preguntas estarán haciendo platonismo básico. Levantarán la mano [como diciendo:] quiero que mi voz sea escuchada.
Entonces hay algunos elementos que deberíamos considerar como lo más constante que ha tenido para ofrecer la humanidad. Y los dejo con una reflexión porque creo que mis quince minutos están a punto de ser interrumpidos por una tarjeta roja [sonrisas en la audiencia].
El bien es indefinible
Había un filósofo, George Moore –que tiene nombre de actor británico que hizo de James Bond, Roger George Moore–. Moore decía una cosa muy extraña: que “el bien” no es definible, es algo que podemos captar. El bien es como el color amarillo. Nos permite definir cosas amarillas, pero el amarillo se percibe o no se percibe. El bien tiene esa cualidad. Nos permite calificar algunas acciones como buenas, pero no permite ser definido, no es algo natural.
Los dejo con estas afirmaciones completamente fuera de moda, [como es] hablar de valores universales y entender que hay que decirle “No a la guerra”. Qué viejo todo esto, ¿no? Seguimos.
La esperanza de un cura sin fe
Quiero decir algo en el tono de Soñar robots de Pablo Casacuberta [documental, 2021] porque es una película que es una maravilla. Y quiero decir algo desde la esperanza y desde el goce.
Yo me siento a veces cuando enseño temas de ética o doy clases, como aquel cura que perdió la fe. Está viejo y perdió la fe. Y sigue dando misa, porque quiere mucho a los feligreses.
Y sale al barrio, ve a la gente ayudándose. Ve voluntarios, ve gente en el merendero y en la olla popular, y ahí le resucita el sentido.
Bueno, cuando yo escucho que hay quien quiere aplicar [a la IA] los principios de la bioética –la autonomía, la beneficencia, la no maleficencia, la justicia–, ahí me viene languidez. [O cuando] escucho las recomendaciones de la OCDE que aceptamos vía Agesic –y me parece muy bien–, me aburro [ver Agesic, 2024, 17 de octubre].
Pero resucito, como el cura cuando vuelve al barrio obrero, cuando me entero que las universidades de Estados Unidos no solamente trabajan para la guerra. [Por ejemplo] prestigiosas universidades han trabajado en crear bots con perfiles ficcionados para detectar sesgos en los créditos bancarios e hipotecarios.
Hay experiencias del uso de algoritmos big data –que es diferente que la inteligencia artificial pero yo uno todas estas tecnologías–. Estos esfuerzos nos llenan de esperanza o me llenan de esperanza a mí, que soy el cura que doy la misa por el rito y resucito cuando voy al barrio a ayudar.
Hay programas que han trabajado en prevenir el maltrato infantil y el abuso infantil. Se han confeccionado también programas con base principalmente en algoritmos big data [además de la inteligencia artificial].
Pero de todas maneras, [hay que saber ver] cómo todo esto se puede poner al servicio de otras cosas, de cosas que con todas las comillas del caso podemos calificar de buenas y pro sociales.
Hay programas que siguen la vía de suministros de las empresas para detectar si no hay trabajo infantil o trabajo esclavo. Está lleno de experiencias de todas estas cosas y hablo de ellas en mi libro Filosofía de la técnica [ver Courtoisie, 2026, p. 226].
Puede que el capitalismo en sus diferentes formas se esté fumando en pipa el planeta. Puede que sí. Pero el enemigo es débil, aunque parezca fanfarrón. Por algo los moderadores de contenido de las redes son humanos. No es solo porque sean más baratos, sino porque las inteligencias artificiales todavía no diferencian bien una escena pornográfica de una escena erótica en una película. [No distinguen bien] una película con un crimen real de una película que es una ficción.
Hay un formidable informe de la televisión francesa, Trabajadores fantasmas [documental de Sandrine Rigaud, 2020] que describe todo esto. E incluso habla del estrés postraumático de esos moderadores de contenido que tienen que estar viendo crímenes reales y abusos sexuales [durante] muchísimas horas. Hay una película que no es tan buena como esa, que ya es de ficción: Red tóxica [Uta Briesewitzv, 2025] que trabaja sobre la misma idea: cómo [la violencia] permea la intimidad de esos trabajadores precarizados y además [formula] preguntas morales muy incómodas.
Así que quisiera dejar esa expectativa de que todo esto se puede usar para otra cosa. Vamo’ arriba. Gracias.
Referencias
Agesic (2024, 17 de octubre). Uruguay adhiere a la Recomendación sobre Inteligencia Artificial de la OCDE. https://www.gub.uy/agencia-gobierno-electronico-sociedad-informacion-conocimiento/comunicacion/noticias/uruguay-adhiere-recomendacion-sobre-inteligencia-artificial-ocde
Asociación Psicoanalítica del Uruguay (2026, 24 de abril). Inteligencia artificial y psicoanálisis. Encuentro entre tribus. En YouTube: https://youtu.be/MmxwD3db9LA?si=AogXZQIATZggrd79
Collins, Harry y Pinch, Trevor (1996). El gólem. Lo que todos deberíamos saber acerca de la ciencia. Barcelona: Crítica. [1993]
Courtoisie, Agustín (2026). Filosofía de la técnica. Una mirada desde la apropiación social. Montevideo: Colectivo por el Derecho a la Tierra.
Moore, George Edward (1903). Principia ethica. Cambridge: University Press. http://archive.org/details/principiaethica00mooruoft
Moreno, Blas (2023, 14 noviembre). ¿Qué es la doctrina Dahiya del Ejército israelí? En El Orden Mundial (EOM). https://elordenmundial.com/que-es-doctrina-dahiya-israel/
Popper, Karl (1997). El mito del marco común. En defensa de la ciencia y la racionalidad. Barcelona: Paidós. [1994]
El texto del artículo fue tomado de la transcripción literal de YouTube con mínimos ajustes. En los casos en que se agregaron datos aclaratorios se los marcó con paréntesis rectos.
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