Alemania, Uruguay, la justicia y los crímenes de lesa humanidad

Columnas 25 de julio de 2020 Por Adolfo Guidali
Actualmente en Uruguay defensores de torturadores, responsables o cómplices de desapariciones forzadas y secuestradores de niños se preguntan, recurriendo a un humanismo que en realidad desprecian: "¿Hasta cuándo se seguirán encarcelando militares octogenarios por hechos ocurridos hace 50 años?”
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Alemania, Uruguay, la justicia y los crímenes de lesa humanidad - Por Adolfo "Fifo" Guidali

El genocidio no caduca.

En Alemania, que aún se siente culpable y abrumada por el horror del Holocausto, algo que inclusive pervive en la conciencia colectiva de muchos que ni siquiera habían nacido cuando finalizó la Segunda Guerra Mundial, la respuesta es clara: los responsables de crímenes de lesa humanidad deben ser enjuiciados cualquiera sea su edad, ya sean menores o ancianos.

El ejemplo mas claro de esta doctrina quedó plasmado días pasados en un tribunal de Hamburgo donde tuvo lugar el juicio de Bruno Dey, de 93 años, juzgado por crímenes que cometió cuando tenía tan solo 17.

"Quiero olvidar, no quiero continuar recordando el pasado", señaló ante el tribunal Dey, ex guardia SS de un campo de concentración. Lo sorprendente de esta negación es que revela que el nonagenario conserva una buena memoria, puesto que ha sido juzgado como menor de edad.

No me siento para nada culpable por lo que sucedió en aquella época", afirmó, "no hice otra cosa que ser guardia (...) Pero, estaba obligado a hacerlo, era una orden", argumentó. ¿Será por aquello tan manido hace pocas décadas en el Río de la Plata de "la obediencia debida"?

Sin embargo, es considerado cómplice del asesinato de más de 5.000 detenidos en el campo de concentración de Stutthof cercano a Gdansk, norte de Polonia, el primero erigido fuera de Alemania, en 1939. Allí murieron 65.000 personas, en su mayoría mujeres judías: bálticas y polacas.

Entonces, esto cambia, o mejor dicho amplía la pregunta: ¿Era Dey un aprendiz de genocida compulsivo o sólo un adolescente muy obediente?

En cualquier caso, su tierna edad, la de entonces, quizás aderezada por lo provecta de la actual, inspiró al fiscal a solicitar una indulgente pena de apenas tres años de prisión, en tanto la defensa pedía su absolución por razones, llamémosles, etarias. Finalmente, el fallo fue magnánimo y Dey fue sentenciado a dos años de prisión en suspenso, o sea, en un régimen de libertad vigilada.

La justicia debe "enviar una señal de advertencia clara a todo el mundo, incluso 75 años" después, había afirmado el fiscal Lars Mahnke.

Pero, esta semana en su última declaración antes del veredicto que tuvo lugar el jueves (23/07), Dey subrayó que nunca quiso alistarse como SS y dio señales de arrepentimiento: "Quiero hoy disculparme frente a quienes sufrieron este infierno (...) y sus familiares. Algo similar nunca debe volver a ocurrir".

Las declaraciones de los testigos, afirmó, le permitieron comprender "toda la magnitud de la crueldad" de los actos perpetrados en Stutthof.

"Quisiera reiterar que nunca fui voluntario para alistarme en las SS (...) o en un campo de concentración", precisó, y dijo que nunca habría estado ahí si hubiera tenido la posibilidad de evitarlo.

Quizás, este giro inesperado en su actitud, tan distinto a su anterior testimonio, que data del lunes pasado, además de sus años, inspiró la indulgencia del tribunal.

No obstante, hubo un juicio que duró nueve meses y una sentencia, tal vez benévola. Pero, nunca está de más recordar a los genocidas impunes un precepto religioso: "¡Sin arrepentimiento no hay perdón!" y, el anciano, de manera íntima o bien aconsejado tuvo la lucidez para finalmente asumirlo.

Dey había quedado en la mira de los fiscales tras un histórico fallo, en 2011, contra el exguardia del campo de exterminio de Sobibor, John Demjanjuk, en el que se estableció que integraba la maquinaria exterminadora nazi.

El ucraniano-estadounidense Demjanjuk fue condenado por complicidad en el asesinato de casi 30.000 judíos en Sobibor. Murió mientras su apelación estaba pendiente.

Este caso sentó precedentes y provocó nuevas condenas de oficiales nazis, incluida la del "contador de Auschwitz", Oscar Groening, quien murió a los 96 años antes de ser encarcelado.

El lunes, día de la penúltima audiencia de Dey, otro ex guardia SS de campo de concentración, de 95 años éste (19 al final de la guerra), fue acusado formalmente por complicidad en centenares de asesinatos por un tribunal de Wuppertal (oeste) . 

¿Será esta acusación formal uno de los últimos procesos judiciales sobre atrocidades nazis, aún vigentes en Alemania? El año pasado, un medio de comunicación oficial que aún continúan en curso 29 juicios por crímenes cometidos por los sicarios de Hitler, aquellas piezas del "aparato asesino del Tercer Reich".

También un ex enfermero en Auschwitz, Hubert Zafke, fue juzgado a los 95 años. Su juicio tuvo un contenido simbólico puesto que se encontraba allí cuando llegó el convoy en el que se encontraba Anna Frank.

Nuremberg, capital ideológica nazi fue el lugar de los juicios (1945-1946) a 661 acusados sobre varios miles de denunciados.

Cargos: crímenes contra la paz, dirección, preparación, desencadenamiento y desarrollo de una guerra de agresión o en violación de los acuerdos internacionales. Crímenes de lesa humanidad, asesinatos, exterminio, reducción a la esclavitud, deportaciones y otros actos inhumanos cometidos contra civiles, antes o durante la guerra, y persecuciones por motivos políticos, raciales o religiosos, así como destrucción de ciudades sin causas militares justificadas.

Previamente, se habia instaurado un tribunal, militar en Londres compuesto por jueces y juristas estadounidenses, británicos, soviéticos y franceses. Pero, con Hitler, Goebbels y Himmler (supuestamente) muertos, se procesó a algunas figuras destacadas del organigrama nazi: altos mandos como Goering, Hess y Bormann; los diplomáticos Neurath y Ribbentrop; los jefes militares Keitel, Joedl, Raeder y Doenitz y los ideólogos Streichel y Rosenberg.

Sobre 24 enjuiciados, 19 fueron condenados, 12 de ellos a la pena de muerte. Pero muchos otros lograron escapar, algunos con el apoyo de naciones amigas. Algunos fueron detenidos y/o ejecutados, pero hubo quienes tuvieron mejor suerte.-

¿Una nueva justicia?

En 1963 hubo un importante giro con el llamado “Proceso de Auschwitz de Fráncfort”. Más de 18 años después de finalizada la guerra, durante los cuales hubo una especie de tregua judicial, 22 responsables del exterminio fueron enjuiciados y se enfrentaron a los rostros de más de 360 testigos. Hubo tres exculpados y el resto condenados a penas de desde 3,5 años de prisión  a la cadena perpetua.

En 2002, fue creada en Roma La Corte Penal Internacional (CPI), tribunal de justicia internacional permanente con sede en La Haya, cuya misión es juzgar a acusados de crímenes de genocidio, guerra, agresión y lesa humanidad. Pero, en muchos casos es casi imposible hacer comparecer a los imputados.

Atrocidades cometidas durante la guerra de los Balcanes, en distintos países de África y América Latina y otros, están lejos. A veces la justicia no llega a tiempo y no alcanza a todos los genocidas del orbe.

Precisamente, para muchos la creación de la CPI constituye un recurso ad hoc para intentar juzgar crímenes que en los propios Estados donde se cometieron no ha sido posible.

Retomando la voluntad de Alemania por borrar ese aberrante pasado, que ha sido evidente en las últimas décadas, en pleno auge neo-nazi en Europa, es interesante señalar un episodio reciente en el ámbito castrense de ese país.

Una compañía militar de élite, perteneciente a las fuerzas especiales KSK será disuelta tras constatarse, entre otros, vínculos de algunos de sus miembros con la extrema derecha neo-nazi y grupos ultranacionalistas. A la espera de una profunda renovación, la unidad de élite (cuatro compañías) no participará en maniobras ni misiones internacionales.

En Uruguay, en cambio, las Fuerzas Armadas siguen defendiendo los crímenes cometidos durante la dictadura y un ex comadante en jefe se permite, y le permiten, politizarlos y utilizarlos para constituir un partido de extrema derecha.

En la KSK todo empezó con la desaparición de 48.000 cartuchos y 62 kg de explosivos, algo calificado de "preocupante" y "alarmante" por la ministra de Defensa, Annegret Kramp-Karrenbauer. El ejército abrió una investigación sobre esto, que podría deberse a "un error interno", matizó. 

"El muro de silencio se está rompiendo", aseguró la ministra.Si los miembros de la KSK "no escucharon este primer aviso, entonces abordaremos una reorganización" más amplia del cuerpo de élite, advirtió

Recordemos algunas frases y definiciones de celebridades sobre la justicia. Poco antes de nuestra era, Horacio afirmaba: "la justicia, aunque cojee, rara vez deja de alcanzar al criminal en su carrera". Para Voltaire: "los pueblos que no cuentan con justicia, se la toman por sí mismos más tarde o más temprano".

Albert Camus era más drástico: "si el hombre fracasa en conciliar justicia y libertad, fracasa en todo". Y, ya en nuestros tiempos, Paul Auster, advierte: "si la justicia existe, tiene que ser para todos; nadie puede quedar excluido, de lo contrario no sería justícia".-


¿"No habrá más penas ni olvido"? Ni prescripciones...


En 2020, todavía en gran parte del mundo se siente un clamor por “’Verdad y Justicia’, exigiendo una mínima ética a los gobernantes, y repudiando a los "hacedores del odio", como los ejecutores del Plan Cóndor, hijos dilectos de la Doctrina de la Seguridad Nacional que animó a las dictaduras militares, que en la década de 1970 asolaron a más de media Sudamérica.

Por ejemplo, Uruguay, país destacado por sus avances en diferentes aspectos, tuvo que soportar el escarnio de una vergonzosa ley de impunidad, la llamada de "Caducidad de la Pretensión Punitiva del Estado...", que impedía enjuiciar a militares y policías que violaron los derechos humanos durante la dictadura (1973-1985). 

Para la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) esta ley es "incompatible con la Convención americana y la Convención interamericana sobre desaparición forzada de personas, en cuanto puede impedir la investigación y eventual sanción de los responsables de graves violaciones a los derechos humanos". 

Hubo dos iniciativas de la sociedad civil sin éxito para derogarla (1989 y 2009). Pero, ¿y? La decisión popular y la política uruguaya sustentan la intención de abandonar "los fantasmas del pasado". ¡Hummm!

Para esta corte interamericana "ninguna otra norma análoga a la Ley de Caducidad, como prescripción, irretroactividad de la ley penal, cosa juzgada, ne bis in idem o cualquier excluyente similar de responsabilidad" puede ser aplicada, y que las autoridades correspondientes se abstengan de realizar actos que implicaran la obstrucción del proceso investigativo. Esta decisión deriva del caso Gelman

En el año 2009, la Corte Suprema uruguaya declaró inconstitucional la Ley de Caducidad pero, sin embargo, la misma corte sigue considerando que, a contra corriente de la jurisprudencia internacional y del ejemplo alemán, los crímenes de lesa humanidad son prescriptibles. 

Así, con este giro sólo se pueden instruir casos individuales que por intervención jurídica han quedado excluidos de la ley, quizás a veces por alguna "laguna" del texto. Un avance mínimo pero que no deja de sentar precedentes que, con el tiempo, puedan generar una nueva legislación.

Pero, mientras en Alemania juzgan a nonagenarios que cometieron atrocidades hace más de 75 años, en Uruguay el general (r), reconvertido a político multicolor, Guido Manini Ríos, pregunta ansioso como ya hemos mencionado en la primera parte: “¿Hasta cuándo se seguirán encarcelando militares octogenarios por hechos ocurridos hace 50 años?”. La historia cercana lo dirá...

A los genocidas, por ahora muchos casi intocables y soberbios, hay que recordarles el caso Dey, y la premisa religiosa ya señalada: ¡"Sin arrepentimiento no hay perdón!". Y a esa gran parte desmemoriada del pueblo, que el olvido puede llevarla "a repetir los mismos errores del pasado".

Para muchos la "desmemoria" es efecto de lo vulgarmente denominado memoria selectiva. En realidad, no tiene nada de vulgar y se trata de un fenómeno complejo en nuestra estructura mental.

De manera muy general se puede decir que no es un acto o fenómeno volitivo, al contrario, aquello que más queremos relegar u omitir suele quedar marcado a fuego para siempre en nuestro cerebro. Esto es una simplificación absoluta, pero invita a inferir que intentar olvidar no es buen recurso ni para los genocidas ni para nadie.-

Adolfo "Fifo" Guidali

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