"Se siente el espíritu de los Charrúas, de los Guaraníes, de los indígenas que vivieron aquí”

Columnas 12 de noviembre de 2020 Por Jorge Barrera
En el marco del trabajo realizado por los estudiantes del Seminario de Derechos Humanos del IFD de San José, sobre los Guaraníes en Uruguay, compartimos la entrevista a una familia indígena.
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Indígenas en el Uruguay - Foto: Grupo Profesorado, IFD San José, 2014

Indígenas en el Uruguay

Entrevista a la Familia Indígena.

Finalmente pudimos concretar la visita a la familia de Elio, María y sus tres niños: José Luis (8),  Noelia (12) y  Silvio. Llegamos a una vivienda de material,  con techo liviano. Sus paredes estaban revocadas y pintadas a la cal. A un costado había una pila de baldosas cerámicas, que según  nos contó,  estaban para ser  colocadas. A la derecha había otra construcción con quincha, muy prolija,  aunque sin terminar, uno de los niños nos dijo:  “lo estamos haciendo con papá”.

En ese entorno nos recibió María, ella nos explicó que hablaba muy poco español, que entre ellos se comunican sólo en guaraní. Incluso usan sus nombres guaraníes.

Nos relató el origen de su familia, sus  padres nacieron en  la zona de Itapúa (Paraguay), aunque ella nació en Argentina. El resto de su familia, sus padres, 5 hermanos y sus dos hijos mayores,  están en Porto Alegre (Brasil). Se comunica con ellos por medio del celular, que lo usa desde hace cuatro años. Se visitan muy esporádicamente; uno de sus hijos está por venir de visita y no se ven desde hace dos años.

El diálogo no fue muy fluido, suponemos por el poco dominio del español, timidez o como nos dimos cuenta más tarde, su lugar en la estructura social,  Elio es quien toma las decisiones familiares y es nexo con el exterior.

María se dedica a las tareas de la casa, hace algunos canastos para vender, con una técnica que aprendió de sus padres a los 7 años. Sus hijos no aprendieron a hacerlos porque no les gusta. Ellos colaboran con algunas tareas de la casa, cortando leña y cañas.

Los niños “escriben algo, les enseña el padre” pero ella no escribe porque “no aprendo mucho, el español es muy difícil”. Un par de horas más tarde llegó Elio, que estaba trabajando lejos de San José. Nos cuenta que hace más de 20 años estuvo viviendo acá. Han vivido 4 o 5 años en cada sitio. Su familia (padres, hermanos, hijos mayores) volvieron a Brasil,  porque allá es mejor para vivir con tantos niños; la de María se fue hace 12 años. En Brasil tienen más apoyo político, hasta logran un lugar, una tierra donde vivir, plantar y cosechar. Acá no han recibido apoyo, pero tampoco lo han buscado. Sabe que existen organizaciones que revalorizan las tradiciones indígenas pero ellos no se han vinculado.

Le gusta estar en Uruguay porque le gusta el lugar y porque acá se siente “cierta espiritualidad,… se siente el espíritu de los charrúas, de los guaraníes, de los indígenas que vivieron aquí”.

 

Actualmente se sienten muy acompañados, pues han sabido cultivar con el pasar de los años muchas amistades, no indígenas, sino de gente que se acerca a ellos con la curiosidad y las ganas de aprender a vivir como ellos cerca de la naturaleza. Él afirma que de ese intercambio, ambas partes logran un aprendizaje riquísimo. Estas reuniones tienen cita una vez por mes aproximadamente y además nos cuenta que se organizan caminatas, dónde la gente interesada en saber su forma de vida y en aprender a vivir en la naturaleza, acude a un organizador quién  lo contrata honorariamente como guía.

Estas caminatas pueden durar de dos a cinco días, se hacen en un ayuno parcial (sólo se ingieren líquidos), y se realizan en diferentes lugares de nuestro país.

La próxima dentro de unos días y se llevará a cabo en el departamento de Lavalleja, en “la quebrada de los cuervos”. Esta caminata será de cinco días y el lugar es elegido, por las plantas medicinales que se encuentran, y por lo místico.

Su trabajo de guía es retribuido con donaciones de yerba, etc.;  “Es un trabajo por el que no se cobra, es algo espiritual”. En estas caminatas también se hacen ceremonias, y se logra un intercambio cultural, al igual que un aprendizaje mutuo.

El asegura que mucha gente hoy por hoy está interesada en llevar una vida en comunidad. Sin embargo no está tan seguro de que se esté realmente preparado para llevar a cabo este tipo de convivencia.

Cada persona tiene su familia y su forma de vivir, él cuenta que en la comunidad indígena antiguamente no era así, todos vivían juntos y trabajaban juntos para la subsistencia.

El asegura que en los viajes que ha hecho últimamente a Brasil, donde su familia actualmente vive en comunidad, el siente que no podría volver a ese estilo de vida.

Según su opinión, que los niños desde pequeños vivan su vida como adultos, tiene sus consecuencias negativas, por ejemplo, el alcoholismo desde temprana edad y “eso es algo que ya en estos tiempos no quiere para su familia.”

Cuando hacemos referencia al cuidado de la salud  familiar, Elio nos cuenta que en realidad sus hijos nunca han tenido más que una gripe, fiebre o resfrío común, entonces, siempre han resuelto el problema con yuyos medicinales.

Él afirma que nunca han sufrido ninguna enfermedad grave y cree que al estar en permanente contacto con la naturaleza están protegidos y de cierta forma “inmunes” a las enfermedades que atacan al hombre blanco.

En cuanto a la forma de transmisión de los saberes, nos cuenta que hay artes tradicionales que se transmiten culturalmente, por ejemplo aprenden la  cestería  desde pequeños,  algunos de sus hijos, los más grandes hacen canastos.

Su hija Noelia “algo escribe”,  y lo que sabe fue enseñado por su padre y una maestra amiga,  cuando estaban en Rosario ella iba diariamente a dar lecciones de escritura a la niña. Elio nos cuenta que él aprendió a escribir en Uruguay, y que aprendió solo, porque su padre no sabía escribir.

También nos comenta que han tenido problemas con el Ministerio,   hace unos siete años, pues ninguno de sus hijos menores acude a un centro escolar.

No le molestaría que alguien fuera a su casa a impartir lecciones a sus hijos, sin embargo,  se rehúsa a la idea de que sus hijos acudan a una escuela. ”Mandarlos a la escuela sería muy complicado, porque ellos son muy sensibles…yo he visto muchos niños indígenas que han sido mandados a las escuelas y sufren mucho la discriminación...”

Asegura que lo que intentan transmitir a sus hijos desde que nacen es el respeto a las demás personas, y a los animales.

En cuanto a la posibilidad de que otros indígenas acudan también al lugar donde ellos residen Elio cree que es prácticamente imposible.

A él le gusta vivir así, la familia no tiene interés de convivir con gente que quizás traigan determinado estilo de vida que no concuerde con el suyo.

Cuando le preguntamos por el pensamiento de los niños, en cuanto a que no socializan con otros de su edad, Elio nos cuentan que “no hablamos con ellos de eso”…

Aunque Noelia le ha manifestado que le gustaría enseñar a cultivar la tierra  cuando sea grande.

Luego de unas horas de compartir con ellos, nos despedimos con la promesa de volver y le agradecemos la hospitalidad.

 

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