¿Quién nos cuida? ¿Quién nos defiende?

El barrio Cordón y, particularmente, el entorno de la Avenida Rivera en las esquinas de las calles Pablo de María, Miguel del Corro y Joaquín de Salterain, plantea un aumento preocupante de la inseguridad y resulta evidente la falta de políticas efectivas de contención, protección y cuidado.
28/03/2024 Vecinos de la Avenida Rivera (MVD)
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Si bien el consumo y la indigencia es una problemática que el país sufre desde hace años, desde enero del 2024 en el barrio Cordón -como tantos otros barrios de Montevideo- ha aumentado considerablemente la población de consumidores de pasta base y alcohol, creando un clima hostil, generando preocupación y miedo entre vecinos y trabajadores. 

Sobre la Avenida Rivera y sus alrededores, podremos encontrar grupos de cuatro, cinco o más personas tomando los espacios públicos, sintiéndose dueños de los muros, escalones y veredas. Durmiendo entre la mugre que ellos mismos generan, inventando fábulas para conseguir una monedita para el vino que les permita, según ellos mismos argumentan, “mamarse” para dormir de corrido, exigiendo dinero por barrer la suciedad que dejan al frente de nuestras entradas, fumando pasta base a las 10 de la mañana, a las 2 de la tarde, a las 8 de la noche... 

Hablan a los gritos, se pelean, se insultan, se amenazan de muerte. Defecan, mantienen relaciones sexuales. Mudan sus pertenencias de un escalón a otro cercano ante el pedido de los vecinos y la ocasional presencia de la policía. Y luego vuelven a los mismos lugares, a las mismas costumbres, envalentonados desde ese mismo lugar de dolor que los hizo estar en la situación que están. 

Los vecinos no duermen tranquilos, los comerciantes no trabajan tranquilos y las dificultades van en aumento cada día. 

Se producen discusiones y peleas cuando quieren ingresar a sus casas o trabajos, y ven que el acceso está impedido generalmente por más de una persona durmiendo o drogándose. 

El consumo masivo de sustancias a cualquier hora del día sin prurito a ser vistos y la exposición impune de puntas afiladas de hierros encontrados en las calles y cualquier elemento punzante que sirva como defensa, provoca que el clima del barrio se vuelva oscuro y las personas transiten con miedo o desagrado. 

En enero de este año, Gabriela fue víctima de invasión en su lugar de trabajo por parte de individuos que, enojados ante la negativa recibida al pedir dinero, rompieron rejas y vidrios para entrar en su local mientras se encontraba cerrado por licencia. 

Cada día, todos los que llegan a trabajar a diferentes horas del día, se ven violentados ante las diferentes situaciones de la calle: ya se trate de la mugre, los desperdicios, o el hecho de tener que despertar a quien esté durmiendo en la puerta con el miedo profundo a que se enoje y reaccione. 

Es cierto, los vecinos y trabajadores sienten miedo y dolor. Miedo a las reacciones y dolor porque es imposible que pase desapercibido lo que se ve cada día. Pero al mismo tiempo, es agotador vivir y trabajar en esas condiciones. 
La cuadra de Avenida Rivera entre Pablo de María y Joaquín de Salterain, tiene rostros que cambian y aumentan cada día y otros que ya son parte de la geografía. Por ejemplo, Lázaro, que dice que se aburre y quiere ser parte de la comunidad de vecinos, pero le resulta imposible “controlar” a sus compañeros porque no es “dueño de la cuadra”. 

A la “dueña de la cuadra” le dicen “La Pelada”, y se ganó ese estatus porque llegó antes y porque, según ella, ya se “cargó” a unos cuantos. 

A cada cuidacoches nuevo que llega, La Pelada exige que le “compre” la cuadra mediante el pago de dinero. Esa exigencia, según nos han contado, es bajo amenaza que si no le pagan los mata. 

La Pelada duerme en la cuadra con su novio de turno. Muchas veces se la vio embarazada. Hace años su pareja del momento le hizo perder el embarazo a patadas delante de todo el mundo. Dicen que tiene más de seis hijos en hogares de INAU. 

Actualmente duerme con un muchacho de apariencia joven que se muestra siempre armado. Sin ningún problema, se calza frente a todos su facón y otros elementos punzantes en el elástico del pantalón. Él fue quien de un piedrazo rompió el vidrio del ventanal cuando Miguel, al llegar a su trabajo, amablemente les pidió que se corrieran para poder abrir las puertas del local. 

Y así, a todos los empáticos vecinos se les acabó la paciencia. 

Esta descripción de la situación del barrio Cordón, posiblemente sea un eco también de la voz de tantos otros barrios que viven situaciones similares o peores. Por eso pretende ser un “cacerolazo” textual, una llamada de auxilio masivo y sin color político, un grito desesperado ante la sensación de desamparo. 

Pero aquí no entra en el juego solamente la inseguridad, aquí entran el juego los derechos humanos. En veredas aparentemente opuestas, unos quieren vivir y trabajar en paz, y otros, del lado de enfrente: los rotos, los que no pueden con su vida y su objetivo del día en conseguir la “palanca” que los saque un rato de esa historia de profundo dolor que es lo único que les pertenece. 

Este “cacerolazo” de palabras, es un llamado a la acción para los que sí pueden amparar, tanto a esos jóvenes en situación de calle cómo a nosotros. Porque todos somos seres humanos y, en definitiva, todos merecemos la oportunidad de estar un poquito mejor. 

No se trata necesariamente de “soluciones” por la fuerza, que en el mejor de los casos mueven el problema del lugar, o generan represalias o peor ambiente en el mismo sitio. 

Se trata de apostar a la presencia del Estado y a su perseverancia. La Intendencia quizás podría iluminar mucho mejor esos tramos de la Avenida Rivera y emprender limpiezas más frecuentes, dada la excepcionalidad que allí se vive. El MIDES podría contener física y emocionalmente a varios de esos jóvenes, podría diferenciar casos y derivarlos hacia estrategias personalizadas, antes de que continúe aumentando la indigencia en la zona. El Ministerio del Interior podría colocar cámaras y patrullar a pie de modo de anunciar la presencia de la autoridad, antes de que sea necesario intervenir, sobre todo en las mañanas y primeras horas de la tarde, al comienzo de la jornada laboral. 

Vecinos y trabajadores hace tiempo que se armaron de paciencia y han intentado brindar un granito de arena para mejorar ésta situación. Incluso son varios los que han empatizado con alguno de ellos e intentado intervenir para que vayan a algún programa de rehabilitación. 
Les dieron alimento, insumos para que puedan generar algún ingreso, escucha, palabras amables. Y siguen apostando a la paciencia, pero con temor. 

Ahora toca a las autoridades apostar a estar allí, en esa avenida y en esas esquinas, cumpliendo con su razón de ser. Hay mucho para hacer antes de usar la fuerza. 

Vecinos de la Avenida Rivera (Montevideo) 

Anexo 

Esta comunicación no es la primera que hemos difundido. Se han establecido contactos con la alcadía, con la Comisaría más cercana, y se ha elevado una carta en nombre de todos los vecinos de Cordón Sur a las autoridades del MIDES, Ministerio del Interior y la Intendencia de Montevideo. El pasado 3 de marzo, el medio de prensa Montevideo Portal, publicó una nota basada en esa carta: 

https://www.montevideo.com.uy/Noticias/-Desprotegidos-y-abandonados--vecinos-de- Cordon-Sur-reclaman-respuestas-ante-inseguridad-uc881436 

Ilustración: 
Fotomontaje proporcionado por integrantes del grupo de vecinos de Avenida Rivera, autores de la carta.

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