Uruguay se ha caracterizado históricamente por su firme compromiso con la educación pública. Desde la reforma vareliana de 1876, los principios de gratuidad, obligatoriedad y laicidad han sido concebidos como pilares esenciales para garantizar el acceso, la permanencia, el ejercicio y el goce de una educación común. Este modelo educativo democratiza la enseñanza primaria, abierta a las infancias “de todas las clases y de todos los cultos”, quienes se reúnen “juntos en los bancos de una escuela” para ejercer, en condiciones de igualdad, un mismo derecho humano.