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title: "Desafíos de la educación uruguaya en la inclusión de las personas mayores"
article_type: "Article"
description: "Hace tiempo vengo reflexionando sobre una importante omisión estatal en nuestro país: la falta de implementación de políticas públicas en el ámbito de la educación formal que promuevan la reinserción de las personas adultas mayores. Esta carencia resulta especialmente significativa si se considera el compromiso internacional asumido por la Asamblea General de las Naciones Unidas, que en respaldo a las áreas de acción impulsadas por la Organización Mundial de la Salud (OMS), declaró el período 2021‑2030 como la Década del Envejecimiento Saludable en las Américas."
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date_published: "2026-10-11T16:37:00-03:00"
date_modified: "2026-10-11T16:42:12-03:00"
author_name: "Lorena Bello Barreiro"
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# Desafíos de la educación uruguaya en la inclusión de las personas mayores

![108802_620](/download/multimedia.normal.b05d50aa1aa0b589.bm9ybWFsLndlYnA%3D.webp)

**Longevidad: una vida de calidad, con valor, propósito y significado para las personas adultas mayores.**

En concordancia con lo planteado por la OMS y en cumplimiento de la Convención Interamericana sobre la Protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores, las acciones impulsadas deberán orientarse a facilitar la participación activa de las personas adultas mayores en los espacios de decisión familiar, comunitaria y social, promoviendo su autonomía y capacidad de elección. Asimismo, deberán garantizar servicios de salud y cuidados de calidad, integrados en una atención que contemple las diversas dimensiones de una vida de bienestar.

En este marco, la educación formal y no formal ocupa un lugar fundamental, ya que representa un universo de posibilidades de aprendizaje y actividad constante que permite a las personas adultas mayores seguir desarrollando proyectos personales, alcanzar la satisfacción de sus anhelos y lograr su superación. En este sentido, la educación empodera, contribuyendo de manera decisiva al desarrollo individual, a la autorrealización, a la autovaloración y autoestima, la inclusión social y el ejercicio pleno de los derechos a lo largo de toda la vida.

Una vida que, cada vez más, debe apostar por el verbo modal que inspira este paradigma del envejecimiento saludable y activo: darle más vida a los años, y no solo darle más años a la vida —es decir, dotarla de valor, propósito y significado—. Se trata de una longevidad que exige, por un lado, medidas afirmativas, ajustes razonables, planes y programas inclusivos, así como políticas con enfoque en derechos humanos que garanticen igualdad y no discriminación.

También reclama el reconocimiento de las personas mayores como protagonistas de su propio desarrollo y de las transformaciones sociales, como auténticos constructores de la cultura, la moral y la historia. Este enfoque invita a dejar de considerarlas como sujetos dependientes o carentes de valor y utilidad, tanto para sí mismas como para los demás, y a reconocer su papel activo en la transmisión de saberes, la construcción de sentido y el fortalecimiento del tejido social.

Para que ese reconocimiento sea realmente posible, resulta imprescindible —de manera previa o simultánea— modificar la forma en que pensamos, sentimos y actuamos frente al envejecimiento y las vejeces, combatiendo tanto la desigualdad y la discriminación por motivo de edad como por otros factores, tales como el género, la orientación sexual, la raza, el origen étnico o el lugar de residencia, la discapacidad y la condición socioeconómica, cultural y religiosa.

**La edad como motivo de desigualdad y discriminación en Uruguay:**

Solo desde una perspectiva interseccional podemos visibilizar la tiranía de costumbres y de procesos históricos que han operado en la desprotección de las personas adultas mayores. Dicha tiranía es funcional a una concepción de mundo que antepone la creencia de que el envejecimiento constituye un problema social y, por ende, las personas mayores son percibidas como un problema en tanto no resultan productivas ni rentables para el país.

Lo cual no es en absoluto cierto, ya que, a lo largo de toda nuestra trayectoria vital, las personas siempre tenemos mucho por aprender, enseñar y aportar, siempre que se nos brinden las oportunidades y los espacios de participación necesarios.

Esta percepción errónea responde, en gran medida, a estereotipos arraigados que asocian la vejez con parámetros incapacitantes, como la pasividad, la dependencia o la falta de productividad. Son creencias que atribuyen estas características exclusivamente al individuo por motivo de su supuesto deterioro natural —que implica la pérdida de fuerza, velocidad, memoria y habilidad cognitiva—.

Esto sucede bajo la idea de que la vejez, como edad cronológica asociada a la maduración biológica, constituye una etapa especial, con necesidades particulares, que requiere acciones diferenciadas para ser atendida. Desde esta perspectiva, la edad aparece como un motivo primario de distinción, exclusión o restricción.

Este escenario, revestido de estigmatización, impacta negativamente en el cumplimiento del principio de igualdad y no discriminación, afectando el pleno ejercicio de los derechos humanos y las libertades fundamentales de las personas mayores.

Cuando un Estado Parte permite que este tipo de desigualdad y discriminación se instale en la sociedad, incurre en un incumplimiento de lo dispuesto por la Convención Interamericana sobre la Protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores.

En su artículo 5, la Convención prohíbe expresamente la discriminación por edad en la vejez, definida en el artículo 2 como una construcción social correspondiente a la

última etapa del curso de vida, y no como una mera representación del aspecto biológico del individuo.

En el caso del Estado uruguayo, pese a haber ratificado dicha Convención mediante la Ley N.º 19.430, podría decirse que persiste el incumplimiento de sus disposiciones. Por ejemplo, la limitación por edad impuesta a los funcionarios públicos y el cese automático al cumplir 70 años puede interpretarse como una norma interna contraria al principio de igualdad y no discriminación, al desconocer la capacidad física e intelectual de las personas mayores para continuar en sus funciones.

Visto así, este criterio podría reflejar la prevalencia de una lógica que vincula la edad con la maduración biológica y, en consecuencia, con el modelo médico de deterioro y la pérdida de capacidades, reforzando una visión reduccionista de la vejez en nuestro territorio nacional.

Asimismo, este criterio implicaría un retroceso en la garantía de la progresividad de los derechos humanos, colocando al Estado en una situación de incumplimiento frente al principio de convencionalidad que exige adecuar la legislación interna a los estándares de la Convención.

De todas formas, considero que las personas, en algún momento de su vida, luego de haber contribuido lo suficiente al desarrollo del país, deberían poder transitar una etapa en la que el Estado les retribuya todo lo que han aportado con su trabajo. No se trata de que dejen de trabajar por volverse incapaces, sino de reconocer su derecho a disfrutar de una vida digna y plena, sostenida por una justa redistribución de la riqueza.

Si la distribución de los recursos materiales y humanos fuera verdaderamente equitativa, dejaríamos de pensar en términos edadistas y comenzaríamos a valorar el aporte social desde una perspectiva de justicia y reciprocidad.

**El capitalismo neoliberal valora a las personas por su capacidad de producir y consumir:**

La mirada neoliberal actúa como uno de los principales factores de responsabilidad junto con el funcionamiento de algunos de sus estereotipos o mitos improductivos —basados en un modelo deficitario— que invisibilizan, por un lado, el potencial, la experiencia y la capacidad transformadora de las personas mayores; y, por otro lado, desvían la atención del verdadero meollo de la cuestión, que radica en su naturaleza estructural.

Porque las personas mayores —o las vejeces— son discriminadas de manera sistemática, no por fallas aisladas, sino por efecto de un sistema social, cultural, moral, económico, tecnológico y político de raíz capitalista que reproduce

desigualdades y limita las oportunidades de participación y desarrollo, no solo en alguna etapa de la existencia, sino a lo largo de la vida.

Este sistema responde a los principios de competitividad, consumismo, eficacia y rentabilidad, donde el valor de las personas se mide por su capacidad de producir desde la autoexigencia, de generar ingresos y consumir bienes para otros, más que por su experiencia, sabiduría o contribución al bienestar individual y colectivo.

Sin duda, la dignidad humana —tan defendida por los tratados internacionales de derechos humanos y ratificada por los Estados Parte— se vuelve endeble cuando el propio Estado uruguayo compromete su coherencia y razonabilidad al legitimar, simultáneamente, un marco estructural regido fundamentalmente por la lógica capitalista de libre mercado.

Esta lógica deshumaniza a los sujetos al despojarlos de su valor ético y existencial, privando a las personas de experimentar y comprender el sentido de un cansancio saludable, que posibilitaría la vida en una sociedad curativa—como plantea Byung‑Chul Han—, basada en principios como el reposo y la contemplación. Estos principios contrastan con el agotamiento, la lucha y la resistencia permanente que caracterizan las sociedades de rendimiento contemporáneas.

**Pedagogía gerontológica en la reinserción de los adultos mayores en educación formal de secundaria:**

Parte de las acciones que favorecen el respeto, la promoción efectiva y el pleno goce de los derechos humanos de las personas mayores —y que hacen posible avanzar hacia una sociedad curativa— consisten en abrir espacios de oportunidad que les permitan seguir conociendo su entorno, cuestionar las circunstancias y aprender a transformar y transformarse.

La educación no formal cumple un papel esencial en este proceso; sin embargo, la educación formal —en particular la educación secundaria— también debería asumir ese compromiso, integrando perspectivas que reconozcan la capacidad crítica, creativa, propositiva y dinámica de las vejeces.

Todas las personas tienen derecho a la educación, incluso aquellas que no hayan completado en el tiempo previsto el ciclo de enseñanza secundaria, tal como lo establece la Ley General de Educación, que garantiza un sistema flexible para culminar durante la vida adulta. Esta vida adulta, sin embargo, no se extingue cuando la persona es identificada dentro de categorías como “viejo”, “vieja” o “vejeces”, sino que continúa siendo un espacio legítimo de aprendizaje, crecimiento y realización personal.

En efecto, los adultos mayores necesitan disponer de oportunidades de aprendizaje reales, donde puedan asimilar nuevos conocimientos y desarrollar nuevas habilidades intelectuales, sociales y de interacción personal. Desde este lugar, la educación formal debe convertirse en una vía esencial para reducir el riesgo de exclusión y evitar que sean socialmente sub-valorados.

Asimismo, hablar de educación formal a nivel de secundaria, dirigida a personas mayores supone promover una educación verdaderamente inclusiva, concebida desde una óptica plural capaz de reconocer la diversidad de capacidades, habilidades y desafíos presentes en las distintas etapas de la vida. No se trata de entender esas etapas como simples referencias a la edad, sino como parte de la trayectoria del envejecimiento que cada persona experimenta de manera singular, en función del contexto y sus circunstancias.

Para avanzar en este propósito, resulta fundamental establecer vínculos con la Gerontología en sus distintas ramas, y especialmente con su dimensión pedagógica y educativa. Esta perspectiva se orienta a acompañar a las personas mayores en su trayectoria de aprendizajes significativos, mediante propuestas concretas que favorezcan “no solo que los más mayores sepan más (...), sino que también sepan hacerlo y que quieran hacerlo” (Bermejo, 2012, p.31).

En efecto, como señala Bermejo, la educación dirigida a personas mayores debe fomentar una actitud proactiva, en la que los conocimientos previos y las experiencias de vida de los estudiantes ocupen un lugar central en la planificación docente. Se trata de desarrollar una pedagogía para la vida, activa y participativa, basada en el diálogo, la colaboración y el reconocimiento de la pluralidad. Una pedagogía que empodera, que reconozca a las personas mayores como sujetos que pueden autogobernarse y transformar su realidad y la de su entorno.

Aquí, enseñar no consiste simplemente en transmitir conocimientos, ni aprender implica recibirlos de manera pasiva. Se trata de promover una actitud activa, donde el educador asume un rol de mediador entre los contenidos, las experiencias y los estudiantes, creando con ellos, situaciones estimulantes que favorezcan aprendizajes diversos y significativos. En este intercambio, la sabiduría compartida se convierte en el motor fundamental del crecimiento mutuo

**¿Es posible sostener una formación democratizadora para todas las personas en el contexto actual de la educación uruguaya?**

Entonces, la Gerontología pedagógica a la que hago referencia no está concebida en términos tecnocráticos, lo que representa un desafío considerable para su implementación en el contexto actual. Nuestra educación uruguaya atraviesa un deterioro significativo tanto en la formación docente como en el desarrollo crítico de las capacidades cognitivas de los estudiantes.

Este problema se agrava por la creciente legitimación de títulos exprés en la formación docente y en la acreditación de los aprendizajes estudiantiles, lo que debilita la calidad y profundidad del proceso educativo. Esta tendencia contribuye a una pérdida de sentido respecto de la orientación del propio proceso formativo, tanto en la preparación de los docentes como en la educación de los estudiantes de los niveles primario y secundario.

También ocurre que la educación de adultos y de extraedad, tal como se la concibe en los planes de 1994 y 2013, atraviesa un proceso de desmantelamiento profundo frente al avance de la virtualidad, que reduce el alcance presencial en las aulas. Esto significa no solo el debilitamiento del vínculo humano y pedagógico entre docentes y estudiantes, sino que también afecta la construcción colectiva del conocimiento y el acompañamiento personalizado que muchos jóvenes y adultos requieren para sostener su trayectoria educativa.

Se trata de un escenario de desmantelación que se inscribe en las lógicas neoliberales actuales, que prefieren hablar de gasto y ahorro en educación pública antes que de inversión, debilitando así la posibilidad de sostener una formación verdaderamente inclusiva, crítica y democratizadora, no solo para las personas jóvenes y adultas, sino también para las personas mayores.

La virtualidad, además, genera nuevas formas de desigualdad y discriminación entre quienes poseen una alfabetización digital de calidad y quienes no; entre quienes cuentan o carecen de conexión a Internet y dispositivos adecuados; y entre quienes utilizan la tecnología solo para tareas rutinarias y quienes son capaces de crear contenido innovador y responsable.

En definitiva, la falta de acceso, así como la desigualdad en la calidad de ese acceso, en el uso, la apropiación, la formación y la alfabetización digital entre las personas, termina generando nuevas formas de pobreza y exclusión en sociedades que se proclaman progresistas.

Lo cierto es que, mientras persista la ausencia de una voluntad política verdaderamente justa, las condiciones de vida difícilmente se igualarán hacia arriba. Esta falta de compromiso perpetúa las brechas existentes y genera otras nuevas en distintos ámbitos, incluida la educación en todos sus niveles formativos.

**Las personas mayores no pueden seguir pasando desapercibidas:**

Finalmente, las personas no dejamos de ser sujetos de derechos y con libertades fundamentales a lo largo de toda la vida. La dignidad, como valor intrínseco, nos hace merecedores de una educación inclusiva, de cuidado y de calidad que nos acompañe y nos guíe en nuestro desarrollo intelectual, físico, afectivo y social a lo

largo de los años. Por lo tanto, las personas mayores no pueden seguir pasando desapercibidas en su derecho a aprender, desaprender y volver a aprender, así como en su derecho a ejercer libremente su capacidad de elección y transformación.

Los profesionales de la educación tenemos un compromiso ineludible: diseñar propuestas pedagógicas y didácticas innovadoras que abracen la diversidad en todas las dimensiones del proceso de envejecimiento y promuevan la igualdad de oportunidades en el acceso, la participación, la permanencia y el aprendizaje de todos los estudiantes, tanto en el aula como en la institución educativa.

Los invito a ser parte activa de este movimiento en favor de una educación inclusiva, crítica y democrática, que garantice igualdad de oportunidades para todas las personas sin discriminación.

**Bibliografía:**

Bello Barreiro, L. (9 de setiembre de 2026). “Brecha digital: síntoma de nuevas formas de violencia, discriminación, desigualdad y exclusión”. Recuperado de:

[https://ladiaria.com.uy/opinion/articulo/2026/9/brecha-digital-sintoma-de-nuevas-formas-de-violencia-discriminacion-desigualdad-y-exclusion/](https://ladiaria.com.uy/opinion/articulo/2026/9/brecha-digital-sintoma-de-nuevas-formas-de-violencia-discriminacion-desigualdad-y-exclusion/)

Bermejo, L. (2012). “Envejecimiento activo, pedagogía gerontológica y buenas prácticas socioeducativas con personas adultas mayores”. Educación social. Revista de Intervención Socioeducativa, 51. pp.27-44.

MIDES. Tercer Plan Nacional de Envejecimiento y Vejeces 2026-2030. Recuperado de: [https://www.gub.uy/ministerio-desarrollo-social/comunicacion/publicaciones/tercer-plan-nacional-envejecimiento-vejeces-2026-2030](https://www.gub.uy/ministerio-desarrollo-social/comunicacion/publicaciones/tercer-plan-nacional-envejecimiento-vejeces-2026-2030)

Organización de los Estados Americanos. (2015). Convención Interamericana sobre la Protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores. Recuperado de:

[https://www.oas.org/es/sla/ddi/tratados_multilaterales_interamericanos_A-70_derechos_humanos_personas_mayores.asp](https://www.oas.org/es/sla/ddi/tratados_multilaterales_interamericanos_A-70_derechos_humanos_personas_mayores.asp)

Organización Mundial de la Salud. (11 de diciembre de 2019). Elaboración de una propuesta de Decenio del Envejecimiento Saludable 2020-2030*,*Documento EB146/23. Recuperado de:

[https://apps.who.int/gb/ebwha/pdf_files/EB146/B146_23-sp.pdf](https://apps.who.int/gb/ebwha/pdf_files/EB146/B146_23-sp.pdf)

Organización Panamericana de la Salud. (s.f.). Década del envejecimiento saludable en las Américas (2021–2030). Recuperado de: [https://www.paho.org/es/decada-envejecimiento-saludable-americas-2021-2030](https://www.paho.org/es/decada-envejecimiento-saludable-americas-2021-2030)

Sáez Carrera, J. (2003). Educación y Aprendizaje en las Personas Mayores, Editorial DYKINSON, S.L., Madrid, España.

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